La fotógrafa Virginia Benedetto inauguró el pasado 22 de mayo una muestra de fotos en Rosario, provincia de Santa Fe sobre la lucha de las mujeres kurdas.

En su trabajo, la fotógrafa rosarina refleja la lucha de las mujeres, luego de un viaje por Kurdistán. «El pueblo kurdo, junto a otras comunidades, están realizando una revolución en las montañas, y mas allá, protagonizada principalmente por mujeres que se enfrentan al patriarcado y la opresión continua del Estado turco y el autodenominado Estado Islámico», explicó Benedetto.

La fotógrafa del diario «La capital» ha agregado que “Kurdistán tiene una historia que merece ser contada”. Las mujeres kurdas tienen un lugar protagónico en esa revolución y luchan junto a sus compañeros por una sociedad más libre.

La invitación para concurrir a la exposición fue realizada por el titular de la Cámara de Diputados de Santa Fe, Antonio Bonfatti, y el diputado provincial, Rubén Galassi.

Tres años le llevó a Virginia Benedetto, reportera gráfica, docente y documentalista, preparar su viaje a Kurdistán, “la etnia sin Estado”. Un mes permaneció en ese territorio asolado por la guerra, retratando y aprehendiendo la vida de su pueblo perseguido. Mucho más tiempo lleva elaborando esa experiencia que la conmovió y que aún sigue procesando para sus adentros. El resultado de aquella travesía es “Soresa Jinê, la revolución de las mujeres”, la muestra fotográfica que la Legislatura santafesina habilitó al público el último miércoles, por iniciativa del diputado Rubén Galassi, y que permanecerá abierta al público hasta el 31 de mayo.

“Volví en noviembre: parece mucho pero es poco para procesar todo aquello”, contó a este diario en horas previas a la inauguración. Y deja, en una frase, apenas una de las tantas convicciones que trajo en el equipaje: “La revolución de las mujeres es la revolución de este siglo”.

¿Qué significa “Soresa Jinê”?

—La revolución de las mujeres, en kurdo.

—¿Aprendiste el idioma para viajar?

—No, aprendí sólo algunas palabras que tenían que ver con el respeto por llegar a una cultura diferente, sobre los modos de saludar, de agradecer, de comprender cuando hay una situación de peligro: “tengo hambre”, “tengo sed”, “tengo miedo”.

—¿Tuviste que usar la expresión “tengo miedo” en algún momento?

—No la usé directamente pero sí lo he sentido. Turquía tiene una política de opresión continua contra el pueblo kurdo y utiliza toda la tecnología disponible para destruirlo. Utilizan los drones que detectan el movimiento y en menos de diez minutos despega sus aviones de guerra y bombardea. Esas son situaciones de tensión. Por otro lado, esta revolución es a nivel de la cabeza, a nivel subjetivo; es enfrentar el miedo de otra manera. A pesar de estar en esa situación de riesgo, se sigue adelante, tomando recaudos -por supuesto-, pero sin dejar que el miedo entre en la cabeza. Es lo más importante para enfrentar esas situaciones de tensión. Al principio era mucho más difícil para mí incorporar eso porque, desde el primer día que llegué, teníamos los drones encima. Pero con el paso de los días y viendo que la gente sigue adelante, lo empecé a incorporar de otra manera. No significa que no sienta el peligro.

—¿Cómo se gestó este proyecto?

—Me enteré de que en Kurdistán había una revolución y que las mujeres eran las protagonistas. Conocí el proceso de la revolución cubana, porque me sentí identificada políticamente, pero no me da la edad para haber vivido esa época. Después de este viaje, tengo la certeza de que la revolución de las mujeres es la revolución de este siglo. No solamente en Kurdistán sino en todos los espacios en que nos estamos organizando.

¿Cómo te preparaste para el viaje?

—Tuve que investigar, generar contactos, ganarme la confianza para hacer un trabajo que muestra aquello que es posible sin poner en riesgo el proceso que se está desarrollando. Había que generar una confianza para ingresar a esos lugares. Fue un proyecto de tres años para un viaje que se cayó dos veces, porque no se podía ingresar por los bombardeos. Y la última vez decidí que lo iba a hacer como fuera. Y así fue.

—¿Cuánto tiempo estuviste allá?

—Estuve un mes.

—¿Qué alcanzaste a “absorber” de esa cultura?

—Todavía estoy procesando muchas cosas de las que viví. Puedo decir que Kurdistán es una sociedad en términos diferentes del capitalismo, distinta del modo en el que generalmente vivimos. Por otro lado, me quedé con la certeza de que no hay nada que pueda contra la voluntad de un pueblo. Nada. Ni siquiera los bombardeos, las masacres, los genocidios. Cuando un pueblo está decidido a resistir, no hay nada que pueda contra eso. Es lo más potente de todo. Creo que Kurdistán es un ejemplo de eso; es un pueblo que históricamente ha sido asediado, bombardeado, masacrado. En la región conviven diferentes pueblos y la idea es que convivan entre sí; no que se adapten a la idiosincrasia kurda, sino que cada uno viva como era antes de la formación del Estado turco. Dentro de la región de Turquía viven 20 millones de kurdos de los 40 millones que son en total, y no plantean la destrucción del Estado turco sino vivir de acuerdo a su cultura, su idioma y su religión. Porque todo eso fue prohibido, tuvieron una política de aniquilación donde les negaron su historia. Este movimiento kurdo es la vanguardia de otros pueblos que habitan esta región: asirios, yazidíes, árabes. Y su objetivo es vivir bajo el régimen político del Confederalismo Democrático que tiene cuatro líneas bien marcadas: el protagonismo de las mujeres, la naturaleza, la convivencia de diferentes culturas y religiones, y la autodefensa. Pero tienen dos frentes abiertos: uno es el frente islámico, que tampoco tolera nada por fuera de su ideología, y el otro es el Estado turco.

—En todo ese contexto, ¿cuál es la situación de las mujeres?

—En el contexto previo a la revolución era una situación de opresión: las mujeres no podían salir de su casa ni estudiar, y esperaban a que viniera un marido a decirles lo que tenían que hacer, como antes lo habían hecho sus padres y hermanos. La revolución transformó esa concepción de la vida, rompió con el patriarcado y con algunas cuestiones naturalizadas. Por supuesto que es un proceso. Siempre recuerdo el caso de una mujer que es del pueblo Yazidí, que vivió 74 genocidios. Ella fue esclava del ISIS, asesinaron a sus cuatro hijos, venía de una vida muy opresiva y cuando las fuerzas de autodefensa kurdas entraron a defender al pueblo de la masacre de miles de muertos y bombardeos que dejó el ISIS, dijo: “Desde que conocí el movimiento de mujeres, sé que ningún hombre tiene que decirme cómo tengo que vivir”. Ese ejemplo me pareció muy gráfico para pensar cómo esa revolución, que surge en las montañas, se traduce al resto de la población. La educación se piensa bajo un pensamiento libre y con mucho desarrollo de teatro y literatura, para que se expresen niños y niñas que viven “muy para adentro” en un contexto de guerra. Todo está pensado por el bien de la sociedad.

En el Encuentro Nacional de Mujeres que se hizo en Rosario en 2016, Virginia confirmó su deseo: sintió que tenía que ir a conocer un proceso revolucionario que está siendo, que se está construyendo.Por medio de un amigo Virginia había conocido a una integrante del Movimiento de Mujeres de Kurdistán. Hasta ese momento no tenía un conocimiento muy profundo de lo que pasaba en aquellas tierras. Después de ese primer acercamiento personal, algunas compañeras del Movimiento vinieron a dar una charla al ENM. Y ahí estuvo Virginia. Y ahí fue tomando cuerpo el deseo. Creyó que viajar era una posibilidad de conocer lo que había leído en los libros. La movió la sensibilidad de ver cómo las mujeres hacen una revolución en uno de los lugares donde el patriarcado está más enraizado. Quería ver cómo es que el pueblo kurdo sostiene su lucha en contextos tan hostiles.

Este tipo de proyecto fotográfico implica estar en los lugares, quedarse, charlar con la gente, compartir. “Todo el tiempo éramos mujeres charlando, discutiendo”, dice Virginia.

.La cámara de fotos funcionó como una herramienta para relacionarse con las personas. A la vez Virginia se comunicaba mucho desde el afecto para generar un vínculo más allá de las palabras que eran traducidas. De todas maneras dice que lo que ellas hacen habla por sí solo. “Ellas hacen una revolución, yo sólo hice fotos”.

Para Virginia, la vida en las montañas donde hombres y mujeres comen lo que hay, se bancan la situación de los bombardeos y entregan su vida para defender al pueblo, es la práctica real de un proceso revolucionario. Ella pudo ver lo que había leído en los libros. Pudo conocer una revolución real y concreta. “Ellas dicen ´revolución en construcción´ porque la están haciendo”

En la foto, tres comandantas sostienen el pañuelo verde y sonríen. Cuando Virginia sacó el pañuelo de la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, una de las mujeres kurdas le dijo las tres palabras que sabía en castellano: Ni una menos. Virginia pensó en la lucha internacionalista, en el proceso de organización de las mujeres argentinas y latinoamericanas que está siendo visto por el mundo, en la necesidad de sostener ese espacio de lucha, en que las transformaciones que las mujeres están llevando en Kurdistán deben conocerse en Argentina.

“Creo que desde nuestro lugar, lo que podemos hacer es entender que no hay fronteras, que las fronteras son impuestas por los Estados, que los pueblos son otra cosa. Cuando ellas me dicen -Ni Una Menos-, no hay frontera ahí. A veces siento que nos miramos mucho el ombligo y que hay que mirar un poco más allá. Si ellas, en ese contexto, pueden pensar en nosotras, me pregunto por qué sentimos que es algo que está lejos. Ellas luchan como nosotras luchamos, con una opresión mucho más fuerte, con una convicción mucho más fuerte, también. Mi deseo sería que nosotras podamos mirarlas un poco más”.

El Movimiento de Mujeres del Kurdistán ha logrado liberar zonas enteras de las imposiciones patriarcales más violentas y comunes en Medio Oriente: matrimonios forzados en la infancia, violaciones sistemáticas, feminicidios que ni siquiera son considerados así sino un derecho de familia. En las ciudades liberadas, cada puesto de decisión es ocupado por una mujer o por una mujer y un hombre a la vez. Una reportera gráfica rosarina llegó al Kurdistán para documentar la revolución que hizo posible que las mujeres decidan sobre sus vidas en esa región que ocupa territorio en cuatro Estados de Medio Oriente.

Libertad es la palabra que más escuchó Virginia por distintos lugares de Kurdistán.  Cada una de las historias retorna con la fuerza de lo inolvidable. “Estábamos una tarde en la montaña y nos dijeron que iba a venir una familia guerrillera. Entonces, llega una mujer con el hijo. Estaba el dron en ese momento encima de nosotras  y habíamos tomado algunas precauciones. Nos vamos a tomar el té y a charlar debajo del árbol. Lo primero que a mí se me ocurre es preguntarle cómo era esto de que madre e hijo participaban de la guerrilla, cómo habían llegado. Ella ahí me corta medio en seco, y me dice que ella me quería hablar de la situación de Irán”, el relato de Virginia se detiene en el devenir de la conversación. Ella vuelve a la montaña, al árbol, al té compartido, al rostro de esa mujer. “Ahí empieza a hablarme de las violaciones que sufren las mujeres en ese lugar, de las nenas de 7 años que se tienen que casar con tipos de 70, de que tu marido, o tu hermano, o tu padre pueden matarte y no hay ningún problema, de que este menosprecio por las mujeres se va transmitiendo en los niños también; entonces los niños varones terminan despreciando cuando crecen a sus propias madres, en esta línea de desprecio hacia la mujer que está marcada culturalmente. Entonces, cuando ella me va contando todo eso me dice: ‘Y esa es mi historia’. En ese momento me quedé helada, porque además yo venía anotando en un cuadernito lo que ella me iba diciendo, y pensé que estaba hablándome de una situación más general”, recrea el impacto. “Me dijo ésa es mi historia y yo no quería para mi hijo eso, por eso huí y me uní a las milicias, a las autodefensas y hoy puedo decir con orgullo que mi hijo es comandante, que lucha por la libertad de las mujeres”. El modo de organización política es el Confederalismo Democrático.

Virginia subraya que esta revolución desarrolla “una forma comunitaria de organizar la vida en general. El confederalismo democrático tiene algunas líneas particulares, una es el principio de autodefensa, otra es el protagonismo de las mujeres en ese proceso y la tercera es la convivencia de las diferentes religiones y culturas, porque en esa región viven un montón de pueblos. La idea no es tampoco que todos se adapten a la cultura kurda, sino que cada uno pueda vivir autónomamente en cada región de acuerdo a su idiosincrasia”.

Benedetto remarca el trabajo colectivo de esa sociedad. “Me recordaba mucho lo que podía ser Latinoamérica en otro momento, la organización, el pensar la vida colectivamente; nada en Kurdistán se piensa individualmente”.

PERSONAL

—¿Estás pensando en otro proyecto?

—Sí, vinculado con las mujeres, con la tierra.

—Lo tuyo va más allá del trabajo como reportera gráfica.

—Trabajo como fotoperiodista, pero tengo además una mirada documentalista. Me interesa la fotografía desde la vertiente que pensó a la fotografía como una herramienta de denuncia y transformación, y de poner voz en quienes no la tienen. Hice el camino del Che Guevara por La Higuera, en Bolivia, y trabajé con el conflicto mapuche antes y después de (la muerte de) Santiago (Maldonado). Además, trabajo como docente y trato de construir con los estudiantes un conocimiento que vaya más allá de lo establecido institucionalmente con la idea de que uno no pase de largo por la vida. Por supuesto que estos trabajos dejan marcas, nada es inocuo. Pero creo que esas marcas valen la pena.

—¿Qué significa la fotografía para vos?

—La Asociación de Reporteros Gráficos hizo una entrevista hace algunos años a Osvaldo Bayer, un 24 de marzo, para que hable del lugar de la fotografía y él dijo: “La fotografía es la memoria eterna”. Y me pareció tan gráfico, además de que lo admiro profundamente. La fotografía es historia y, al serlo, hay un compromiso ético mayor de cómo se cuenta esa historia y es el lugar desde donde uno se para y de la sociedad que quiere construir.

La muestra “Soresa Jinê, la revolución de las mujeres” va a estar expuesta en el hall de la Legislatura provincial (General López 3055) hasta el próximo 31 de mayo.

 

Fuentes:

Revolución en construcción

https://anfespanol.com/cultura/argentina-la-lucha-de-las-mujeres-kurdas-en-una-muestra-fotografica-en-rosario-11723

En Kurdistán, cayó el patriarcado

https://anfespanol.com/cultura/argentina-la-lucha-de-las-mujeres-kurdas-en-una-muestra-fotografica-en-rosario-11723

https://www.ellitoral.com/index.php/id_um/197780-no-hay-nada-que-pueda-contra-la-voluntad-de-un-pueblo-a-resistir-virginia-benedetto-sobre-la-revolucion-de-las-mujeres-en-kurdistan-politica.html

https://www.lt10.com.ar/noticia/243724–una-fotografa-rosarina-retrato-la-lucha-de-las-mujeres-en-kurdistan

En Kurdistán el patriarcado se cayó

https://telegra.ph/VIRGINIA-BENEDETTO-SOBRE-LA-REVOLUCI%C3%93N-DE-LAS-MUJERES-EN-KURDIST%C3%81N-05-25

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