Desde la Asociación de Amistad con el Kurdistán condenamos y repudiamos los atentados terroristas realizados el día 17 de agosto de 2017, en la ciudad de Barcelona y Cambrils.

La Asociación de Amistad con el Kurdistán desea expresar sus condolencias a las familias de las víctimas y deseamos la pronta recuperación de las personas heridas. Nuestra solidaridad con el pueblo de Barcelona y Catalunya, sus autoridades autonómicas y locales, nos sumamos a los llamamientos por la tolerancia y la convivencia pacífica entre culturas y religiones, apoyamos la convocatoria de manifestación que tendrá lugar en Barcelona el próximo sábado 26 de agosto, contra el odio, la discriminación, la intolerancia, por la paz, la democracia y la libertad.

Consideramos que la barbarie y las ideologías de odio y terror junto con los estados que conculcan los derechos humanos y los derechos civiles, de minorías étnicas y religiosa han de unir las voluntades de quienes nos negamos a aceptar sociedades que promuevan la injusticia y pretendan dominar y explotar a sus ciudadanos. Hemos de perseverar, desde la convergencia, por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres, donde se fomente y favorezca el hacer el bien a todos los seres vivos: personas, fauna y flora.

La población kurda se ha enfrentado y continúa haciéndolo contra el terrorismo extremista del Daesh, Jabha Al Nusre y otras organizaciones pro-salafistas, wahabistas de características similares. Viviendo la guerra en primera persona y luchando en esta confrontación contra los extremistas yihadistas, en favor de toda la humanidad y enfrentándose con el terrorismo de Estado, que provoca detenciones y desapariciones arbitrarias, realiza torturas sistemáticas, desapariciones forzadas, genera dolor y sufrimiento de forma indiscriminada en toda la población incluyendo niños, mujeres, ancianos principalmente en Turquía e Irán.

Consideramos que si deseamos acabar con el odio étnico, cultural y religioso es incomprensible que el estado español mantenga estrechas relaciones diplomáticas y economicas con Turquía.

De igual forma son difícilmente aceptable las relaciones que el estado español mantiene con Arabia Saudita y otros regímenes autoritarios de la zona, promotores de las ideas más intransigentes en el aspecto religioso y donde se conculcan los derechos humanos mientras se da cobertura logística y económica a quienes pretenden un Oriente Medio fanático en lo religioso y donde la libertad individual, colectiva y el libre albedrio de las personas sea inexistente.

No podemos negar el conomcimiento de quienes crearon estados al servicio de las colonias europeas tras la primera guerra mundial para aprovecharse de las fuentes de energía de estas tierras en el proceso de desarrollo industrialista.

No hemos de olvidar que Al Qaeda y posteriormente el Daesh fueron promovidos por Estados Unidos y sus aliados en Oriente para hacer frente a la influencia Soviética dentro del marco de la Guerra Fría y la guerra de Irak.

El Daesh es una organización de extrema derecha que a través del terror pretende imponer sus ideas y no hemos de olvidar que el 87% de los atentados yihadistas en el mundo se han producido donde la mayoría de la población es musulmana.

No hace mucho la profesora en Relaciones Internacionales Nazanín Armania afirmaba que; “Tras la desintegración del pacto de Varsovia, pensábamos que la OTAN no tendría razón de ser, pero nos equivocamos, porque la guerra es un negocio. No solo han mantenido la OTAN sino que han fortalecido los pactos militares”, alertando de que EE.UU. pretende crear “una OTAN sunita” en Oriente Medio.

Por todo ello hoy hemos de considerar que las soluciones vendrán a través del desarrollado de sistemas sociales multiétnicos, respetuosos y democráticos, cual es la Federación Democrática de Siria del Norte.

Hemos de promover entre la población de Oriente Medio, del Magreb, de Europa y del Estado Español el conocimiento de la historia primigenia de la humanidad, a través de la cultura. Hemos de repudiar las políticas que hablan de paz y mantienen relaciones con países que promueven el odio y conculcan los derechos humanos, no podemos permitir que eventos que enlutan a toda la humanidad sirvan para promover el racismo y la xenofobia. Hemos de considerar si, quizás, la mejor mediación social es la que surge de la pedagogía de la vida cotidiana y la participación ciudadana, la cual no se construye desde proyectos, programas, planes creados para llevarse a cabo en despachos de ayuntamientos, servicios sociales u otras instituciones, sino desde lo cotidiano y las relaciones surgidas en el aprendizaje a partir de la convivencia en el día a día cuando los programas se convierten en praxis y donde el aprender se convierte en aprehender.