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Hablar de Jerusalén a día de hoy, es tratar el problema entre palestinos e israelitas, es versar de la situación convulsa de Oriente Medio. Confucio decía estudia el pasado si quieres pronosticar el futuro. No tratamos en este artículo de pronosticar el futuro ni de Oriente Medio, ni de Jerusalén, pero si deseamos a través de la información la búsqueda de respuestas.

Jerusalén es considerada una ciudad sagrada por las tres grandes religiones monoteístas: el judaísmo, el cristianismo y el islam. Para el judaísmo es allí donde el rey David estableció la capital del Reino de Israel y lugar de asentamiento del Arca de la Alianza, y donde su hijo Salomón construyó el Templo, hacia donde deben dirigirse las plegarias; para el cristianismo es allí donde predicó Jesús, fue crucificado y resucitó; es también la tercera ciudad sagrada del islam, donde para los musulmanes el profeta Mahoma subió al cielo y a la que miraban los primeros musulmanes al rezar, antes de pasar a hacerlo de cara a La Meca, en Arabia Saudita.

También es recordada la ciudad por las luchas fratricidas vividas en la misma. Una de ellas fue la que se produjo en 1187 cuando Saladino, de origen kurdo, primer sultán de la dinastía ayubí, y uno de los principales héroes del mundo islámico, derrotó a los cruzados en la batalla de Hattin y conquistó Jerusalén, poniendo fin a casi nueve décadas de ocupación por parte de los cruzados, lo que provocaría la Tercera Cruzada (1189-1192). Los cristianos, bajo el mando de Ricardo Corazón de León, no volvieron a tomar la ciudad.

Jerusalén es por lo tanto un lugar clave para comprender que a traves de las victorias militares de un grupo étnico (árabes, hebreos…), religioso (cristianos, judíos, musulmanes) no traerán la paz, ni a la ciudad, ni a las tierras de la zona. Las soluciones no llegaran por el triunfo hegemónico de unos pueblos, culturas, etnias o religiones. Por lo tanto pretender la capitalidad de Jerusalén de unos sobre otros será únicamente un detonador en el conflicto y nunca un camino hacia posibles soluciones.

La decisión por parte del presidente norteamericano de reconocer a Jerusalén como capital del estado de Israel, es parte de un conflicto mucho más amplio. Siendo también cierto que dicho reconocimiento posibilita a los israelitas la realizacion de una limpieza étnica que ya ha comenzado tras la declaración de Trump al anunciar Israel la próxima construcción de 14.000 viviendas en toda Jerusalén, la mitad de ellas en el sector ocupado de la ciudad santa. Todo ello nos determina, aun mas, en la solidaridad frente a estas inaceptables injusticias, no sin ser conscientes de que aún no se están planteando por parte de ninguna de las partes implicadas soluciones de futuro.

A su vez muchos dirigentes de la región están aprovechando la situación para ocultar sus propias miserias en sus tierras, pretendiendo rentabilizar la injusticia y el sufrimiento de todas las personas que viven el conflicto en primera persona. Erdogan presidente de Turquía, vende a Israel el petróleo que compra en el Kurdistán de Irak, mientras se rasga las vestiduras por el reconocimiento de EEUU. El Príncipe Mohammed bin Salman de Arabia Saudita ya había pactado en Octubre con los norteamericanos la aceptación de las decisiones que ahora se han producido. De igual forma los 20 jefes de estados de la Liga Árabe han realizado declaraciones de denuncia pero no han anunciado un plan de acción, limitándose a pedir el reconocimiento de Palestina “ahora que EEUU considera a Jerusalén capital de Israel”. Esta es la realidad de los estados-nación frente a los pueblos y sus gentes.

Sin embargo en Oriente Medio, si existen alternativas de solución al problema hebreo-palestino y las mismas se pueden comprobar en las transformaciones que se está produciendo en el norte de Siria por parte de las organizaciones que han decidido emprender el camino del paradigma (1) del Confederalismo Democrático y llevar a cabo la construcción de la Nación Democrática.

En el norte de Siria conviven diferentes etnias, culturas, religiones pero todas ellas han sido capaces de crear estructuras de dialogo, consenso, construcción colectiva de alternativas a partir de la igualdad social, de género, la democracia directa, la autoorganización y la autoadministración, con políticas de respeto hacia la naturaleza y el medio ambiente. Una constatación de que otra sociedad es posible.

La historia ha demostrado que las ideas panarabistas basadas en la ideología nacionalista de una etnia árabe, aglutinante, era inviable además de injusta. De igual forma podemos decir del nacionalismo sionista o de las pretendidas hegemonías religiosas incluidas las ideas de construcción de estados teocráticos.

Por desgracia dirigentes palestinos critican la revolución social de Rojava y el Norte de Siria, considerando de forma injusta, desafortunada y falsa la misma como parte de un proceso de “balcanización” de Oriente Medio donde Israel sería una parte interesada en dicho proceso. Un discurso fruto de la ignorancia, la falsedad o la maldad. Oriente Medio es un crisol de culturas e identidades las cuales pueden convivir y construir un futuro en común, pero dicho proceso no es viable desde posiciones estatista, nacionalistas, intransigentes o dogmáticas.

A continuación se muestra hasta qué punto a través de la historia podemos reencontrarnos si somos capaces de conocer nuestro pasado común.

Orígenes de Jerusalén

El asentamiento de los cananeos (pueblo que junto a los filisteos está en el origen del pueblo palestino) en la tierra que se conoció como Canaán, y que luego se llamaría Palestina, tuvo lugar entre el 3000 y el 2500 a.C. Los jebuseos, una de las tribus cananeas, levantaron allí un poblado al que llamaron Urusalim, (Jerusalén), «ciudad de la paz».

Quienes eran y de donde procedían los pueblos; filisteos y cananeos que decidieron asentarse en las tierras de Cannan.

Filisteos

Los filisteos (en hebreo, פְּלִשְׁתִּים‎, pəlištīm; en griego, Φυλιστιείμ o Φιλιστινοί, phylistieím o philistinoí; en árabe, فلستيون, filīstiun) fueron un pueblo originario de la edad de Bronce Reciente. Da la mala casualidad (para ellos) de que durante milenios, la única fuente de información sobre los filisteos era la Biblia, que fue escrita por los israelitas, esto es, por sus peores enemigos. Sin embargo existen testimonios en diferentes fuentes textuales (egipcias, hebreas, asirias) o arqueológicas con respecto a los filisteos.

En torno al 1200 a. C. la historiografía ha ubicado la aparición de unos pueblos, denominados «pueblos del mar» gracias a las fuentes egipcias. Estos pueblos llegados por el mar mediterráneo ocasionaron la crisis y desaparición de diferentes culturas, imperios y reinos que habían existido durante el Bronce Reciente, los llamados Pueblos del Mar invadieron las costas de Turquía, Palestina y Egipto.

Algunos pueblos del mar aparecen mencionados en cuatro cartas encontradas en Ugarit, de las cuales las tres últimas parecen haber sido escritas poco antes de la destrucción de la ciudad, que tuvo lugar alrededor del 1175 a. C.

Diversas investigaciones han utilizado conceptos como etnicidad y cultura en referencia a los filisteos, uno de los pueblos llegados por el mar. En su arte aparecen algunas reminiscencias del arte de Creta (2), en la Biblia se menciona en Deuteronomio que proceden de la “isla de Caftor”.
Los hebreos en ese tiempo eran una sociedad pastoril, mientras, los filisteos, habitantes de las más ricas y agrarias llanuras de la costa de Palestina, eran una sociedad urbana organizada en una federación de cinco monarquías tribales, por ello se dice que con ellos aparecieron unos hábitos culturales nuevos.

Refiere la Biblia como el rey David, el primer monarca de un Pueblo Hebreo unificado, estuvo varios años al servicio de los filisteos. Si este relato es verídico,podriamos decir que seria una clave de cómo esta “servidumbre” facilito que los hebreos aprendieron las estrategias militares filisteas, consiguieran ponerse a la par, y derrotar a su enemigo hasta tal punto, que lograran imponer su visión propia de la historia como la “historia oficial”, al menos hasta que los arqueólogos llegaron a la Palestina moderna. Se supone que del nombre hebreo de los filisteos (“pelisitim”) deriva el actual nombre de Palestina. Aunque estudiosos de la Biblia suelen proponer que el nombre se originaría a partir de la raíz semítica plš (en hebreo, פלש‎), que significa ‘dividir’ o ‘invasor’. El endónimo que los filisteos se daban a sí mismos no se conoce. Sin embargo la Biblia los menciona también como gentes de Kaftor en hebreo, כפתור‎; termino posiblemente relacionado con Keftiu nombre que aparece en los archivos de Mari, ciudad antigua situada al oeste del Éufrates en las tierras de Rojava (Kurdistán de Siria) . En la Biblia se relata que Abraham pasó a través de Mari en su viaje desde Ur a Harán, bien, pues en los archivos de la ciudad de Mari aparece Keftiu en referencia a la isla de Creta. Por lo que los Filisteos, probablemente, habrían sido descendientes de la cultura minoica de Creta.

Jebuseos

De acuerdo con la Biblia, los Jebuseos eran una tribu cananea que habitaba la región de Jerusalén. Fueron los fundadores de esta ciudad, primero con el nombre de Jebús, en el 3000 a. C., y luego le cambiaron el nombre a Ur-Salem, en el 2500 a. C. Los Libros de los Reyes afirman que Jerusalén era conocida como Jebús antes de este hecho. Según el relato bíblico, esto ocurrió aproximadamente en el año 1004 a. C.

Origen étnico de Jebuseos

El Tanaj contiene el único texto antiguo conocido que usa la palabra jebuseo para describir a los habitantes preisraelitas de Jerusalén; de acuerdo a la Tabla de las Naciones en Génesis, los jebuseos eran identificados como una tribu cananea, que aparece en tercer lugar en la lista de naciones, entre los hititas y los amoritas (ambos conocidos en la actualidad por los estudiosos como grupos étnicos grandes, esparcidos por Mesopotamia; los hititas tenían un gran imperio). Antes de los estudios modernos de la Biblia, la mayoría de los estudiosos de la misma creían que los jebuseos eran idénticos a los hititas. Sin embargo, un aumento en el punto de vista popular, primeramente expuesto por Edward Lipinski, profesor de estudios orientales y eslavos de la Universidad Católica de Lovaina, considera que los jebuseos son solo una tribu amorita; Lipinski los identificó dentro del grupo llamado Yabusi’um en una carta cuneiforme encontrada en el Archivo de Mari.

Como Lipinski notó, sin embargo, es enteramente posible que más de una tribu o clan hayan usado el mismo nombre, y es así que jebuseos y Yabusi’um pueden haber sido pueblos separados viviendo juntos.​ En las Cartas de Amarna se mencionan al rey contemporáneo de Jerusalén llamado Abdi-Heba, que es un nombre teofórico (del griego antiguo ϑεοϕόρος, compuesto de ϑεο-, “deidad”, y -ϕόρος, “portador”; ‘portador de la deidad’, es un nombre propio que contiene el nombre de un dios o divinidad) invocando a una diosa hurrita llamada Hebat; a diferencia de otros grupos étnicos que ocupaban Jerusalén esto implica que:

Los jebuseos eran hurritas por sí mismos
o estaban muy influenciados por la cultura hurrita
o estaban dominados por la clase hurrita maryannu.

Bien, preguntémonos. Quienes eran esos Hurritas tan estrechamente relacionados con los Jebuseos, que habitaron la región de Jerusalén.

Los hurritas (cuneiforme Ḫu-ur-ri, hórreos en el Antiguo Testamento y surabitas en los documentos de Babilonia) fueron un pueblo que habitó en la antigüedad una región centrada en el valle del río Khabur (norte de Mesopotamia y sus alrededores), lo que comprende los actuales estados-nación del sudeste de Turquía, norte de Siria e Irak y noroeste de Irán. Todas estas tierras no son sino parte del histórico territorio del Kurdistán.

Algunos autores consideran que los hurritas están culturalmente emparentados con los kurdos en su proceso de desarrollo social y cultural.

Sumerios, Hitias y Hurritas tienen lenguas que en sus orígenes fueron idénticas o muy parecidas, pertenecientes al grupo de las usko-mediterraneas (dene-caucasicas)y su escritura en caracteres cuneiformes y su transliteracion posibilitan hacer  traducciones correctas a partir del vasco antiguo. Por tanto habiendo sido aprofique el desciframiento (aunque no la transliteracion) de la escritura cuneiforme y, por ello, de las lenguas, sumeria, hitira, hurrita y otras vecinas (elamita,eblaita, fenicio), es necesaria una revisión radical de la protohistoria de Oriente Medio”.

Los Kurdos pudieron tener una lengua original usko-mediterranea (aun presente en sus formas gramaticales más simples), siendo luego sustituida por una lengua irania. Según muestran los datos genéticos asimilan a los mismos con los mediterráneos antiguos”. (3)

Amorreos

Su origen se halla en el tercer milenio a. C. en la región occidental del Creciente Fértil (parte de los territorios de Mesopotamia) donde fueron nómadas, con el tiempo entraron en contacto con poblaciones sedentarias, como Ebla y más tarde con otras pertenecientes a la órbita del Imperio configurado por la Tercera Dinastía de Ur, sobre cuyas fronteras presionarían hasta lograr paulatinamente su infiltración progresiva en la sociedad.

Durante la época de la III dinastía de Ur, había dos grupos de amorreos diferentes.

Los primeros amorreos eran nómadas y con el paso del tiempo fueron sedentarizandose en una parte de Canaán (Líbano, Anti-Líbano, el valle de Orontes) expandiéndose por el norte de Siria y el sur de Canaán.

Los segundos, de mayor importancia histórica sobre todo para Mesopotamia, eran nómadas que recorrían el desierto entre Palmira y Mari y flanqueaban el Éufrates para que su ganado pastase en la estepa mesopotámica. Estos eran muy próximos a los sumerios y ya eran conocidos desde la época dinástico-arcaica por los sumerios, o bien porque emigraron a las ciudades mezclándose con la población, o bien como nómadas beduinos en toda la región.

El surgimiento de los reinos amorreos en Mesopotamia provocó repercusiones profundas y duraderas en la estructura política, social y económica de las áreas. Una de sus aportaciones sería la introducción del símil que presenta al rey gobernante como pastor-guía de su pueblo.

La división de la tierra en reinos reemplazó al sistema de ciudad-estado sumerio, en el que los templos locales desempeñaban el papel más prominente. Hombres, tierra y ganado dejaron de ser propiedad de varios dioses, templos o reyes. Los nuevos monarcas dotaron a parte de la población de numerosas parcelas de tierras reales o del templo, y liberaron a los habitantes de varias ciudades de los impuestos y el trabajo forzado, también permitieron o dejaron salir por un período indefinido a las gentes de unas ciudades hacia otras. Esto alentó el surgimiento de una nueva sociedad, con granjas grandes, “ciudadanos libres” y comerciantes emprendedores. Este nuevo sistema debía durar a lo largo de los siglos (pensemos al respecto). Los sacerdotes, que previamente habían gobernado en nombre de sus dioses, continuaron al servicio de sus deidades y cuidaban del bienestar espiritual de su pueblo, pero la vida económica del país ya no estaba casi exclusivamente en sus manos.

La gente de la zona continuó adorando a los dioses sumerios, y los viejos mitos y cuentos épicos sumerios fueron copiados, traducidos o adaptados piadosamente. La religión de Mesopotamia continuó su evolución de una época caracterizada por muchas deidades locales a un panteón regional de dioses mayores y menores. Para la época de Hammurabi, se estaba produciendo un gran cambio religioso. El dios de la tormenta Marduk llegó a asumir el papel de principal deidad, y la historia de su ascenso a la supremacía se contó dramáticamente en el mito épico conocido como Enuma Elish. En cuanto a la escasa producción artística de la época, hay poco que la distinga de la anterior era Ur-III. Esta era terminó con el saqueo hitita de Babilonia (hacia 1595 aC ) que trajo nuevos grupos étnicos, particularmente kasitas y hurritas, a la vanguardia en Mesopotamia.

Se ha encontrado una estela de Hammurabi en Diyarbekir (Amed – Kurdistán de Turquía), donde aparece el título de “Rey de los amorreos”. Su nombre es la palabra amorita, Ammurāpi, “pariente-sanador”. El Código de Hammurabi, aunque no el primero, es el código de derecho antiguo mejor conservado, y tanto la ley mosaica como las leyes hititas aparentemente se basan en parte en ella o en sus predecesores.

El Antiguo Testamento llama Canaán a la tierra de los amorritas, haciendo corresponder a veces amorreo con cananeo (Génesis 10:15,16; Josué 24:15; Jue 6:10; Ez 16:3; etc.). El término amorreo (amurru) o amorita aparece frecuentemente en el Antiguo Testamento designando la población preisraelita de Canaán (Gen 15:16; Amós 2:9; 2ª Sam 21:2). Ezequiel 16:3, Y tienes que decir: ‘Esto es lo que ha dicho el Señor Soberano Jehová a Jerusalén: “Tu origen y tu nacimiento fueron de la tierra del cananeo. Tú padre era el amorreo, y tu madre era una hitita.

Por lo tanto en el transcurso de la  historia se produjo el emparentamiento interétnico de todos los pueblos de los que hasta el momento hemos hablado.

Hebreos, Abraham el kurdo y el origen de Israel

Los hebreos eran pastores y campesinos henoteístas, creencia religiosa según la cual se reconoce la existencia de varios dioses, pero sólo uno de ellos es suficientemente digno de adoración por parte del fiel. Una parte de los cuales descendía de grupos de lengua semita que habían emigrado a Egipto, donde fueron esclavizados según relata la Biblia, y luego retornaron a Canaán. Algunos historiadores los identifican con los apiru, grupos nómadas marginales que surtían a los cuerpos mercenarios o de esclavos por todo el Creciente fértil.

La hipótesis más creíble y aceptada es que formaban parte de los amorritas que se asentaron en Canaán. La migración de Abraham, patriarca espiritual de tres religiones, tradicionalmente señalado como el primer seguidor y como el instaurador del monoteísmo, se enmarcaría en los movimientos de pueblos amoritas y arameos que se producen a mediados del segundo milenio y se encuentra descrita en el Génesis, primer libro de la Biblia.

Según el texto bíblico, la familia de Abraham se encontraba en “Ur Kaśdim” (אוּר כַּשְׂדִּים), frecuentemente referida como “Ur de los caldeos”. Taré era de la décima generación descendiente de Noé, a través de Sem, y sus hijos fueron Abraham, Nacor y Harán. Este último, cuyo hijo fue Lot, murió en su ciudad natal (Ur). Luego Abraham se casó con Sara, su hermanastra, quien era estéril. Taré, el padre de Abraham, con sus hijos y familias, marcharon entonces desde Ur a Canán.

Sin embargo, existieron numerosas ciudades llamadas Ur y lingüísticamente cercanas a ella (como Ura o Urau) alrededor de Harán (lugar de destino de Abraham y su familia), Haran se considera que es la actual Şanlıurfa, donde actualmente consideran que nació Abraham.

En cualquiera de los casos tanto si Abraham nació en Ur o en la actual Şanlıurfa, ambas ciudades se encuentran en Kurdistán, por lo tanto Abraham el padre de Ismael e Isaac, era originario de tierras del Kurdistán.

El siglo XV a. c. se admite como fecha probable de la migración inicial de Abraham. Su origen, la alta Mesopotamia. El modo de vida nómada y la ganadería trashumante descrita en la Biblia era habitual en la época y ha sido confirmado por hallazgos arqueológicos. También hay multitud de referencias bíblicas sobre ciertos aspectos sociales como que se practicaba la esclavitud (el propio Abraham llega a tener descendencia con una de las esclavas de su mujer) así como también la poligamia (Jacob llega a tener dos esposas, ambas hermanas) y los sacrificios rituales. Según la tradición judía, la práctica de la circuncisión data de la época de Abraham y la practico con sus propios hijos.

Según investigadores alemanes el pueblo de Israel se formó en territorio cananeo sobre el siglo XII a.c. Los patriarcas darán origen, a través de sus descendientes, al nacimiento mítico de doce tribus, al irse uniendo, la Anfictionía israelita (una especie de liga religiosa de doce tribus autónomas en torno a un santuario común). La personalidad histórica de Abraham, es cuestionada, la leyenda, el mito y la historia se mezclan en la biografía del conocido personaje bíblico para hacer imposible distinguir hasta qué punto fue Abraham un personaje real o, en su defecto, conocer la razón de que se le escogiese para encarnar la tradición monoteísta.(4)

En el Antiguo Testamento, “Israel” es el término utilizado para referirse a la nación de los llamados “Hebreos” ya que históricamente éste fue el nombre que adoptaron estas poblaciones nómadas. Sin embargo estos hebreos no pueden todavía ser identificados con el futuro pueblo judío. En realidad, no se debe hablar de judíos hasta el éxodo de Egipto de los hijos de Israel.

La entrada en Egipto se explica como un movimiento característico de pueblos nómadas hacia zonas de sedentarización en períodos de crisis. El propio relato bíblico de José relatado en el Génesis habla de una época de hambruna que no afecta al país del Nilo (pues disponían de excedente almacenado de años anteriores). De hecho, en Egipto se documentan numerosas infiltraciones en la región del delta en la época. No está clara, sin embargo, la naturaleza de la presencia judía en esos primeros momentos (aunque bien pudiera ser pacífica, no forzada) y si realmente acabaron convirtiéndose en esclavos, cómo sucedió dicho proceso. Generalmente, se admite la entrada en Egipto hacia finales del siglo XIV y su presencia en la actividad constructora de Ramsés II es segura.

A mediados del siglo XIII a.C. se inicia la búsqueda de marcos territoriales por parte de grupos étnicos conscientes de constituir entes nacionales, así se crean los reinos de Edom, Amón y Moab, de origen cananeo. El pueblo de Israel, conducido por una figura de connotaciones míticas, Moisés, se dirige a Canaán, asentandose en Palestina. Esta instalación se presume parte de un lento proceso de infiltración pacífica, culminada por una fase violenta. La estrategia principal se basaba en que cada tribu ocupó una parcela territorial, preferentemente montañosa en principio, desde la cual ocupar los valles, en confrontación con la población preexistente.

A partir del 1200 a. C. los hebreos comienzan a conquistar las ciudades cananeas y a derrocar a sus reyes, proceso que se culminó hacia el año 1000 a. C. con la toma de Jerusalén.

Cada vez parece más claro que la religión judía fue en sus inicios de carácter henoteísta, es decir, que practicaba la monolatría en lugar del monoteísmo que tradicionalmente se le ha atribuido y que hoy en día se practica. La diferencia estriba en que la monolatría reconoce la existencia de varios dioses, aunque sólo se adore a uno, mientras que el monoteísmo sólo reconoce la existencia de un único dios. De hecho, no se puede asegurar la creencia monoteísta rigurosa, heredada por el judaísmo actual, hasta después de la época de Moisés.

El origen del culto a Yahvé es oscuro. Parece que recibe su definición característica a través de Moisés. Su contacto en el Monte Sinaí refleja la revelación divina: la divinidad hace conocer su nombre a Moisés (un hecho extraordinario, pues el nombre de la divinidad, el Tetragrammaton es un término secreto, cargado de contenido mágico). También se establecen unas normas de conducta, los diez mandamientos, que definen la alianza entre Israel y la divinidad. Por lo tanto, el culto a Yahvé no es sólo religión sino también fuente de derecho y justicia.

Yahvé exige ser el único dios de su pueblo. Sin embargo, ya hemos indicado que expresaba más una situación de monoteísmo, una exigencia de monolatría. La historia bíblica de Moisés y el becerro de oro parece concordar con este aspecto en particular. Yahvé aparece en los primeros textos bíblicos con carácter guerrero, relacionado con el rayo y la tempestad. También es un dios que origina la vida y la muerte, riqueza y pobreza, bondad y maldad.

La conquista de Canaán y el nacimiento de Israel como nación son procesos inseparables. En este período, Israel aparece dirigido por los Shophets, sufetes o Jueces. Los Jueces eran hombres dotados de un particular prestigio en su comunidad, caudillaje carismático, jefes locales sobre los que desciende el espíritu divino. Durante el período de los Jueces, se gestó la posterior monarquía israelita, aunque primero se produjeron alianzas o coaliciones tribales. Así, en líneas generales, se acepta que esta fase cubre desde el 1.200 al 1.000 a. c. aproximadamente.

El peligro que representaban los enemigos tradicionales, filisteos y jebuseos aceleró el proceso de unificación tribal. La monarquía representaba una mayor centralización del control en la defensa, y por tanto, mayores posibilidades de triunfo en la conquista territorial. El modelo en el que inspirarse se encontraba cerca, en los estados transjordanos de Edom, Moab, Amón y Aram.

Por “designación divina” y proclamación del profeta Samuel, Saúl fue elegido rey en un momento de máxima amenaza filistea. Con él se sentaron las bases de la monarquía en un momento no exento de tensiones internas.

Un fragmento de una tablilla asiria ha pasado a ser la evidencia extra-bíblica más antigua que corrobora la existencia de la “Casa de David”

Por su parte, David (1.010-970) sucedió a Saúl y fue elegido rey y refrendado por las dos entidades territoriales que reunían el conjunto de las tribus: Israel al Norte, y Judá al Sur. Instaló la capital en Jerusalén, situada entre ambas regiones. Tanto Israel como Judá mantenían su propio ejército y su propia administración. David amplió el reino a costa de los estados transjordanos.

Sin embargo, sería Salomón (970-931) quien marcara el esplendor de la monarquía. Sus relaciones con la ciudad de Tiro y su casa real dotaron al reino de una proverbial riqueza. De hecho serían la riqueza económica y la transformación de las estructuras las que marcaron su reinado. El poderío militar y las empresas comerciales influyeron en la creación de una dinámica que acabó por afectar a las tradicionales estructuras del estado israelita, provocando un aumento de la fiscalidad e intentos de reorganización administrativa.

Tras la muerte de su hijo Salomón, los hebreos se dividieron en dos reinos, Israel y Judea, que más tarde cayeron en manos de los asirios (721 a.C.) y los caldeos (587 a.C.). En esta última fecha Nabucodonosor destruyó Jerusalén y llevó a los judíos en cautiverio a Babilonia.

Referencias en la historia de Palestina

Palestina fue conquistada por Alejandro Magno en el 332 a.C y quedó bajo dominio griego. A su muerte retornó al imperio egipcio de los Ptolomeos. Más tarde fue dominada por los seléucidas de Siria. Una rebelión encabezada por Judas Macabeo restableció un estado judío en el año 67 a.C.

En el 63 a. C. Palestina fue incorporada al Imperio Romano. Los romanos reprimieron severamente la resistencia de los macabeos, zelotes y otras tribus judías. Como parte de esa represión fueron crucificados miles de rebeldes, alrededor del año 30 d.C., en los tiempos de Jesús de Nazareth.

En el 70 d. C. el emperador romano Tito destruyó el Templo de Salomón. Años más tarde, en el 135 d.C., los judíos fueron expulsados de Jerusalén y el emperador Adriano construyó una ciudad pagana sobre sus ruinas.

A partir del año 330 Palestina quedó bajo el dominio Bizantino. En el año 638 Omar Al-Khattaab entró en Jerusalén, puso fin a la era bizantina y dio inicio la era árabe-islámica. Según la tradición islámica, en esa ciudad ascendió al cielo el profeta Mohamed (Mahoma), con lo que Jerusalén adquirió carácter sagrado para las tres grandes religiones monoteístas, nacidas de un tronco común. La fe islámica y el idioma árabe llevo a cabo un proceso de asimilación cultural de los pueblos semitas, excepto los judíos. Con breves intervalos de dominación parcial de los cruzados cristianos y los mongoles en los siglos XI, XII y XIII, Palestina tuvo gobiernos árabes durante casi un milenio e islámicos durante un milenio y medio.

En 1516 el Imperio Otomano conquistó Jerusalén y mantuvo allí su hegemonía hasta el fin de la Primera Guerra Mundial.

Hay quienes han confundido sionismo y semitismo. El Semitismo es una cualidad que puede aplicarse a los pueblos y lenguas semitas. El árabe, el hebreo o el arameo originario de los palestinos entre otras muchas, son lenguas semitas. Por extensión se consideran semitas a las personas que utilizan estas lenguas ancestrales como algo natural por su propia condición geográfica de nacimiento, es decir, personas procedentes originariamente de la zona comprendía entre Siria, Egipto, Iraq y la península arábiga. La mayoría de los judíos no son semitas (sólo un 10% de ellos lo son), ya que proceden de Europa central y oriental, Argentina, Sudáfrica, Canadá etc… mientras que la mayoría de los árabes sí lo son. En la práctica “antisemita” sería también “anti-palestino” o en un sentido más amplio “anti-árabe” tanto como “anti-hebreo”.

Nacionalismo Sionista

El nacimiento del sionismo está ligado a la eclosión de los nacionalismos en el siglo XIX europeo, que tuvieron como bandera común la idea «un pueblo, un Estado» y que está en el origen del concepto de Estado-nación.

El  sionismo  o  nacionalismo  judío  se  organizó  como  movimiento  político  en  Europa  a finales del siglo XIX. Toma su nombre de Sion, la colina de Jerusalén sobre la que se  edificó el templo de Salomón. Adopta las características de los nacionalismos étnicos, muy difundidos entre los pueblos sin Estado de la Europa central  y  oriental, de donde  era originaria la mayoría de las comunidades  judías  europeas.  A  diferencia  de  los  otros  pueblos  de  la  región,  los  judíos  no compartían  entre  ellos  ni  idioma  (aunque  el  yiddish estaba  muy  difundido)  ni  territorio,  y  sus disparidades  culturales,  de  un  país  a  otro,  eran  significativas.  Lo  que  les  unía,  identificaba  y diferenciaba era su religión. Esta religión llevaba asociada la referencia a una patria sagrada con una localización concreta: Israel, Palestina. El objetivo sionista de construir un hogar nacional en Palestina,  de  “resucitar”  un  Estado  propio,  permitió  movilizar  a  los  distintos  colectivos  judíos. Más  aún  si  tenemos  en  cuenta  que  a  finales  del  siglo  XIX  convergieron  dos  fenómenos  que afectaron  de  manera  muy  negativa  a  las  condiciones de  vida  y  expectativas  de  las  comunidades judías de Europa: la toma de conciencia de los límites de la integración en Europa occidental y la reedición del viejo antisemitismo en Europa oriental.

Dos factores facilitarán considerablemente su puesta en marcha. Por una parte entre la elite judía occidental figuraban algunos poderosos financieros con cierto acceso a los círculos gobernantes (Rothschild y otros) pero que, pese a su integración, no dejaban de ver sus expectativas cortadas por el nuevo antisemitismo.

A partir de 1878 comenzaron a establecerse los primeros asentamientos de judíos en Palestina, impulsados por el movimiento sionista. Alrededor de 25 mil inmigrantes entraron ilegalmente desde el este de Europa. El barón francés de origen judío Edmond Rotschild apoyaba económicamente las actividades sionistas. En 1895 el total de la población de Palestina ascendía a 500 mil personas: 453 mil eran árabes palestinos y ocupaban 99% de la tierra; 47 mil eran judíos y eran dueños del 5% de la tierra.

El Fondo Nacional Judío, fundado por el V Congreso Sionista, se encargó de comprar tierras y entre 1904 y1914 se produjo la segunda ola migratoria. En 1909 se instaló el primer kibutz (granja colectiva) al norte de Yaffa.

Al estallar la Primera Guerra Mundial, Inglaterra prometió la independencia de las tierras árabes bajo el gobierno otomano, incluyendo Palestina, a cambio de su apoyo contra Turquía, aliado de Alemania.

En 1917, el ministro de Relaciones Exteriores británico envió una carta al barón Rotschild (conocida como «Declaración Balfour») en la que comprometía los esfuerzos de Inglaterra para la creación de un Hogar Nacional Judío. Los palestinos realizaron su primera conferencia en 1919 y se opusieron a la Declaración Balfour, pues aspiraban a la creación de un Estado Palestino independiente, tal como los británicos habían prometido a cambio de su apoyo durante la guerra.

En 1920 la Conferencia de San Remo garantizó el mandato británico sobre Palestina. Dos años más tarde el Consejo de la Liga de las Naciones promulgó un mandato que promovía el establecimiento en ese territorio de un Hogar Nacional para el pueblo judío. Durante seis meses los palestinos realizaron huelgas y movilizaciones en protesta por las confiscaciones de tierra y la inmigración ilegal, que tenía por objeto aumentar la escasa población judía y justificar sus aspiraciones territoriales.

El gobierno inglés publicó un nuevo «Libro Blanco», que restringía la inmigración judía y ofrecía la independencia de Palestina al cabo de 10 años. La resolución fue rechazada por los sionistas, quienes organizaron milicias y lanzaron una campaña sangrienta contra británicos y palestinos. El 9 de abril de 1948, un destacamento de la organización «Irgun», comandado por Menahem Begin, invadió la aldea de Deir Yassin y asesinó a 254 civiles. El terror provocó el éxodo de decenas de miles de palestinos.

Al fin de la Segunda Guerra Mundial, las Naciones Unidas aprobaron la partición de Palestina (Resolución 181). Los palestinos, que constituían el 70% del total de la población y tenían el 92% de la tierra, fueron reducidos al 43% del territorio. El resto fue entregado a los judíos, que representaban el 30% de la población y poseían sólo el 8% de la tierra. Jerusalén se consideró dentro del 1% que quedaría como zona internacional.

El 14 de mayo de 1948 los judíos proclamaron el Estado de Israel. Al día siguiente estalló la primera Guerra Árabe-israelí y y nació el «conflicto de Oriente Medio». Palestina quedó dividida en tres partes: la que ocupaba Israel; la ribera occidental del Jordán (Cisjordania) que pasó a Jordania, y Gaza, que quedó bajo la administración de Egipto. Unos 700 mil palestinos fueron expulsados de sus hogares, huyeron a los países vecinos y se instalaron en campos de refugiados.

Organización del Movimiento Palestino

En 1964 se creó la a Organización para la Liberación de Palestina (OLP), para defender los intereses del pueblo palestino y afirmar su identidad a nivel regional e internacional. En 1969 Yasser Arafat fue elegido presidente de la organización.

Los grupos palestinos que actuaban en la clandestinidad, como Al Fatah, desconfiaban de esa organización promovida por los gobiernos árabes y también de su énfasis en la lucha diplomática. Convencidos de que la recuperación del territorio sólo sería posible a través de operaciones militares, el 1° de enero de 1965 realizaron la primera acción armada en Israel.

En 1967 estalló la Guerra de los Seis Días: Israel ocupó todo Jerusalén, el Golán sirio, el Sinaí de Egipto y los territorios palestinos de Cisjordania y Gaza. La ONU llamó a Israel a retirarse de los territorios árabes ocupados por la fuerza y declaró el derecho de los palestinos al retorno y a la autodeterminación.

La derrota de los ejércitos árabes reforzó la convicción de que la lucha guerrillera era el único camino. En marzo de 1968, durante un combate en el pueblo de Al Karameh, los palestinos obligaron a los israelíes a replegarse. La escaramuza pasó a la historia como la primera victoria de las armas palestinas. Los grupos armados se integraron a la OLP y obtuvieron el respaldo de los gobiernos árabes.

El fortalecimiento político y militar de los palestinos fue percibido como una amenaza por el rey Hussein de Jordania, que hasta entonces había actuado como su representante y portavoz. En setiembre de 1970 esta situación se volvió insostenible. Elementos de la resistencia palestina en Jordania, conocidos como fedayines (del árabe fida’i, «el que sacrifica su vida por la causa») fueron atacados por fuerzas del rey Hussein, compuestas mayoritariamente por beduinos, en respuesta a varios secuestros de aviones civiles perpetrados por el Frente de Liberación Palestina, liderado por George Habash. Una guerra civil de 10 días derivó en 3.500 muertes y gran destrucción material en Jordania. La OLP fue expulsada de Jordania e instaló su cuartel general en Beirut.

El nuevo exilio redujo la posibilidad de realizar acciones armadas dentro de Israel y surgieron grupos radicalizados como «Setiembre Negro», cuyo nombre derivó de la lucha entre fuerzas del gobierno jordano y fedayines palestinos, que realizaron atentados contra instituciones y empresas israelíes en Europa y otras partes del mundo.

La dirección de la OLP pronto comprendió la necesidad de cambiar su táctica; sin abandonar la lucha armada, inició una gran ofensiva diplomática y pasó a dedicar gran parte de sus esfuerzos a consolidar la unidad e identidad palestinas. La Conferencia de Argel de los No Alineados, celebrada en 1973, identificó por primera vez el problema palestino, en lugar de la rivalidad entre Israel y los países árabes, como la clave del conflicto en Oriente Medio.

En 1974 una conferencia cumbre de la Liga Árabe reconoció a la OLP como «único representante legítimo del pueblo palestino». En octubre de ese año la OLP fue admitida como observadora por la Asamblea General de la ONU, que reconoció el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación e independencia. El 10 de noviembre de 1975, la Asamblea General de Naciones Unidas adoptó, por una votación de 72 a 35 (con 32 abstenciones), la Resolución 3379, que estableció que el «sionismo es una forma de racismo y discriminación racial». La resolución fue revocada el 16 de diciembre de 1991, por una votación de 111 contra 25 (y 13 abstenciones).

El programa de la OLP, acordado en 1968, llamaba a sostener la lucha armada contra la «ocupación sionista», para liberar toda Palestina, incluyendo las fronteras internacionales del Estado de Israel, reconocidas antes de la guerra de 1967. «La lucha armada es la única vía para liberar Palestina. Esta es la estrategia general, no meramente una fase táctica». Ello implicaba, necesariamente, el fin del actual Estado de Israel. No obstante, sin renunciar a esta meta, la OLP pasó a admitir como «solución temporal» el establecimiento de un Estado palestino independiente «en cualquier parte del territorio eventualmente liberado por las armas o del que Israel se retire».

En 1980, el primer ministro israelí Menahem Begin y el presidente egipcio Anwar Sadat firmaron, con mediación estadounidense, un acuerdo de paz en Camp David. Israel se comprometía a retirarse de la península del Sinaí. Poco después se multiplicaron los asentamientos en Cisjordania, con apropiación de tierras palestinas aumentando la tensión en los territorios ocupados. Sucesivas votaciones contrarias a estas medidas en las Naciones Unidas quedaron desprovistas de todo efecto práctico, ya que el veto estadounidense en el Consejo de Seguridad hacía imposible cualquier tipo de sanción contra Israel.

En julio de 1982, en un intento de «resolver definitivamente» el problema palestino, fuerzas israelíes invadieron Líbano. Buscaban destruir la estructura militar de la OLP, capturar el mayor número posible de sus dirigentes, que desarrollaban ataques a lo largo de la frontera norte de Israel, anexar la parte sur del Líbano e instalar en Beirut un gobierno dócil. La masacre ocurrida en los campamentos de refugiados de Sabra y Shatila, llevada a cabo por el Ejército Libanés bajo las órdenes del Ministro de Defensa Israelí, Ariel Sharon, hizo surgir la simpatía internacional para con el sufrimiento del pueblo palestino. El cuartel general de la organización pasó a instalarse en Túnez y, en recorrida por Europa, Yasser Arafat fue recibido con honores de jefe de Estado en varios países, en particular en el Vaticano.

Discretamente la OLP inició conversaciones con dirigentes israelíes proclives a una solución negociada con los palestinos. La invasión del Líbano hizo surgir grupos pacifistas pequeños pero activos dentro de Israel, que reclamaban un diálogo con la OLP. Algunos grupos palestinos radicales cuestionaron esa aproximación y discreparon con la línea política de Arafat. La OLP se dividió y sus fracciones se enfrentaron, a veces violentamente.

En 1987, tras años de dificultades internas, el Congreso Nacional Palestino, reunido en Argel, recompuso la unidad de la OLP.

Ese mismo año los funerales de varios jóvenes palestinos muertos en enfrentamientos con patrullas militares israelíes llevaron a nuevas confrontaciones, huelgas generales y protestas civiles. Comenzó la Intifada (levantamiento popular) en la franja de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Oriental. La Intifada marcó una nueva etapa en la lucha palestina: por primera vez la población –jóvenes, niños y ancianos– se levantaba contra del ejército de ocupación. Muchos civiles desarmados arrojaban piedras en las luchas callejeras, hecho que causó impacto mundial debido a la utilización, por parte de la ocupación israelí, de armamento pesado para reprimir las protestas. La Intifada duró aproximadamente cinco años y socavó la ya precaria economía de los habitantes de los territorios ocupados.

El 14 de noviembre de 1988, el Consejo Nacional Palestino (parlamento en el exilio), reunido en Argel, proclamó el Estado Palestino Independiente, de acuerdo a la resolución 181 de Naciones Unidas de 1948 que dividía Palestina en dos estados, uno judío y otro árabe palestino. Esto implicaba aceptar al Estado de Israel. Días después, 54 países reconocieron al nuevo Estado.

Arafat fue elegido presidente palestino y en esa condición habló en la Asamblea General de la ONU. Repudió el terrorismo, aceptó la existencia de Israel y pidió el envío de fuerzas internacionales a los territorios ocupados. Como consecuencia de su discurso, el presidente estadounidense Ronald Reagan decidió iniciar conversaciones con la OLP.

Al estallar la Guerra del Golfo en 1991, las simpatías proiraquíes del pueblo palestino se expresaron claramente. Este apoyo privó a la OLP del sostén financiero de las ricas monarquías del Golfo, contrarias al régimen de Irak.

En setiembre de 1991 Arafat fue confirmado como presidente de Palestina y de la OLP, y el Consejo Nacional Palestino aceptó la renuncia de Abu Abbas, líder del Frente de Liberación de Palestina. Abbas fue condenado en rebeldía por un tribunal italiano a cadena perpetua por el secuestro del crucero «Achille Lauro», en 1985.

Reconocimiento mutuo entre israelíes y palestinos

En 1991, auspiciada por Estados Unidos y la ex URSS, comenzó en Madrid la primera Conferencia de Paz para Oriente Medio. Palestinos e israelíes acordaron el reconocimiento mutuo.

En setiembre de ese año se firmó en la Casa Blanca la Declaración de Principios entre Israel y la OLP, que estableció un plazo de cinco años para la retirada de Israel de los territorios ocupados y para la discusión del estatuto definitivo de la franja de Gaza, Cisjordania y Jerusalén oriental, culminando con el establecimiento de un Estado Palestino independiente.

El parlamento israelí ratificó el reconocimiento de la OLP y la Declaración de Principios. El Consejo Central de la OLP aprobó, por su parte, el texto acerca de la autonomía.

Hamas y Hizbollah en el campo palestino, así como los colonos de los asentamientos ubicados en los territorios ocupados y la extrema derecha, del lado israelí, se opusieron al acuerdo. En un clima de hostilidad, se pospuso la retirada militar israelí de Gaza y Jericó, prevista para el 13 de diciembre.

En mayo de 1994, Rabin y Arafat firmaron el acuerdo de autonomía «Gaza y Jericó primero», mientras continuaba la retirada israelí, lo que permitió el regreso de soldados del Ejército de Liberación de Palestina exiliados en Egipto, Yemen, Libia, Jordania o Argelia.

Luego de 27 años de exilio Arafat llegó a Gaza en julio y asumió como jefe del Ejecutivo de la Autoridad Nacional Palestina (ANP). En las zonas donde regía la autonomía palestina comenzó una afluencia de inversiones de capitales palestinos y extranjeros, además de la ayuda internacional, para preparar los cimientos del futuro Estado.

La lucha entre el histórico líder de la OLP y sus adversarios islamistas, opuestos a los acuerdos con Israel, se hizo cada vez más violenta. Arafat quería que Hamas participara en las elecciones generales palestinas de enero de 1996, lo que le hubiera dado mayor legitimidad a su liderazgo. Los islamistas boicotearon los comicios. Arafat fue elegido presidente con 87% de los votos y los candidatos oficialistas obtuvieron 66 de las 88 bancas en juego.

La elección de Benyamin Netanyahu, líder conservador del Likud, como primer ministro israelí (ver Israel) en mayo agravó la tensión entre ambos países.

Las difíciles negociaciones culminaron con el retiro de las tropas israelíes de la ciudad de Hebrón en 1997. Ese mismo año, y en base a los acuerdos entre ambas partes, se logró la liberación de presos políticos palestinos de las cárceles israelíes. A fines de 1997 se produjo un quiebre en las conversaciones, debido a que Netanyahu desconoció lo acordado y continuó con la construcción de nuevos asentamientos ilegales. El hecho originó fuertes enfrentamientos y duras condenas internacionales. Arafat manifestó que, vencido el plazo de cinco años establecido en compromisos asumidos, él declararía un Estado Palestino independiente con capital en Jerusalén Oriental.

En 2000, el presidente estadounidense Bill Clinton invitó a Arafat y al primer ministro israelí Ehud Barak a reunirse en Camp David. Las propuestas norteamericanas e israelíes para un acuerdo definitivo no cumplían las demandas palestinas básicas: no se desmantelaban los asentamientos ilegales de Cisjordania, no se contemplaba el retorno de los refugiados ni el control palestino de las fronteras. Jerusalén, ciudad santa para musulmanes y judíos, se convirtió en el mayor obstáculo para la negociación ya que las partes pretendían erigir allí su capital.

La capitalidad de Jerusalén fuente de conflictos

La tensión se agravó con la visita del ex ministro de defensa israelí Ariel Sharon a la explanada de las mezquitas, en Al Quds/Jerusalén, lugar sagrado para musulmanes y judíos. Fue el inicio de una nueva Intifada; una serie de ataques suicidas con bomba en centros urbanos israelíes provocaron numerosas víctimas civiles israelíes y Tel Aviv retomó sus bombardeos sobre poblaciones palestinas que dejaron 400 muertos.

La victoria de Sharon en las elecciones israelíes de febrero 2001 fue un nuevo golpe al proceso de paz. Ese mes la secretaría general de Naciones Unidas dio a conocer un documento que señalaba que el bloqueo económico impuesto por Israel en Cisjordania y la franja de Gaza ponía al gobierno de Arafat al borde del colapso por falta de fondos.

El enviado especial de la ONU a Medio Oriente, Terje Roed-Larsen, advirtió que si otros países no apoyaban monetaria y urgentemente a los palestinos (según el informe se necesitaban 1.000 millones de dólares para el resto de ese año) la violencia se incrementaría.

Durante los meses siguientes los combates aumentaron. La arremetida israelí y el estancamiento de las negociaciones aumentaron la resistencia contra la ocupación y Sharon respondió con asesinatos selectivos a presuntos terroristas y amplió su ofensiva atacando núcleos y pueblos palestinos con helicópteros y barcos de guerra. Varios cientos de palestinos murieron durante la rebelión y las acciones militares continuaron con la ocupación de los territorios bajo relativo control palestino.

Tras los ataques contra Nueva York y Washington del 11 de setiembre de 2001, Sharon creyó que la opinión pública internacional y la actitud de los gobiernos occidentales podría volverse a su favor, y profundizó su ofensiva contra la rebelión palestina. Debido a la necesidad de sumar aliados a su campaña antiterrorista contra el régimen talibán afgano, George W. Bush prefirió mantenerse distante y evitar confrontaciones con el resto de los países árabes.

Numerosos atentados suicidas realizados por militantes radicales palestinos señalaron una nueva fase del enfrentamiento. Para reforzar la seguridad, Sharon limitó el tránsito de bienes y personas a través de las fronteras de Cisjordania y la franja de Gaza desde el inicio de la insurrección. La medida perjudicó tanto a obreros como a empresas palestinas.

En diciembre Sharon cortó toda negociación con Arafat. La nueva estrategia israelí pasaba por no considerar al líder palestino como interlocutor válido.

Las restricciones al movimiento de bienes y personas en Israel y los territorios ocupados tras 18 meses de rebelión situaron a la economía palestina al borde de la quiebra. El cierre continuado de los puestos fronterizos causó daños irreparables. El desempleo se triplicó, afectando a casi el 30% de la mano de obra palestina.

En marzo se celebró en Beirut la cumbre de países árabes, a la que Arafat no pudo asistir porque Sharon lo mantuvo sitiado en su búnker de Ramala durante más de un mes.

Pese al caos que marcó su inicio, la cumbre culminó con la aprobación de un plan de paz que incluía una decisión histórica: los firmantes se comprometían a reconocer al Estado de Israel, siempre que éste se retirara a las fronteras anteriores a 1967 y permitiera el regreso de los tres millones de refugiados palestinos, y la formación de un Estado palestino con parte de Jerusalén como su capital. Israel calificó de «inaceptable» la propuesta.

En abril Al Fatah, Hamas, Jihad Islámica, el Frente Popular y el Frente Democrático para la Liberación de Palestina, acordaron por primera vez un plan de lucha común «para hacer frente a todo ataque israelí». La mayoría de los 82 suicidas que habían atacado objetivos en Israel y en los asentamientos judíos desde el comienzo de la Intifada, militaban en esas organizaciones integristas.

Ese mismo mes, el campo de refugiados de Jenín fue escenario de sangrientos bombardeos israelíes y cientos de palestinos murieron. Terje Roed-Larsen, el enviado de la ONU, calificó de «desastre humanitario moralmente repugnante» lo ocurrido en Jenín y declaró a Sharon «persona no grata». Tras las incursiones en Jenín y otras áreas bajo relativo control de la ANP, Israel hizo prisioneros a unos 5 mil palestinos.

En junio de 2002 Bush llamó a los palestinos a repudiar el liderazgo de Arafat y buscar un líder que no estuviese «comprometido con el terrorismo». En diciembre Arafat postergó la realización de elecciones, responsabilizando a Israel.

En marzo de 2003, Mahmoud Abbas (un político moderado, conocido como Abu Mazen) asumió el cargo de primer ministro palestino. En abril, Bush presentó a Sharon y a Abbas un nuevo plan de paz conocido como «Hoja de Ruta», impulsado por el denominado «Cuarteto de Medio Oriente» (EE.UU., la UE, Naciones Unidas y Rusia), que debía conducir a la creación de un Estado palestino y a la solución de todos los problemas pendientes para el año 2005. Acusado por los sectores radicales de hacer demasiadas concesiones a Israel, Abbas renunció en julio.

La violencia se intensificó. A ello se sumó la construcción de un muro de separación en Cisjordania, que según Israel buscaba impedir el ingreso de terroristas. Los palestinos consideraron el muro como un intento por demarcar unilateralmente las fronteras con un eventual Estado palestino, en condiciones ventajosas para Israel. La Asamblea General de la ONU exigió que Israel detuviera la obra, pero la Unión Europea y EE.UU. pidieron a la Corte Internacional de Justicia que se abstuviera de pronunciarse sobre la legalidad de la construcción. La barrera privó a miles de palestinos de acceder a servicios esenciales como el agua, la salud y la educación, así como a fuentes de ingresos como la agricultura y otras formas de empleo.

En marzo de 2004, tras un doble atentado suicida de Hamas en el puerto de Ashdod, Israel respondió con un plan de «asesinatos selectivos» de líderes de movimientos radicales palestinos. Con un misil disparado desde un helicóptero, Israel mató al líder espiritual de Hamas, el jeque Ahmed Yassin, de 67 años, cuando salía de una mezquita de Sabra (Gaza). Aunque el asesinato provocó el rechazo unánime de la comunidad internacional, EE. UU. vetó en el Consejo de Seguridad de la ONU una moción de condena.

Sharon anunció, en abril de 2004, el «Plan de separación unilateral con los palestinos» que incluía la evacuación de los asentamientos de la franja de Gaza y el desmantelamiento de seis colonias de Cisjordania. A cambio, Israel pretendió el apoyo de EE.UU. para el mantenimiento de «bloques de colonias» en Cisjordania, donde vive la mayoría de los 230 mil colonos israelíes, y una declaración del presidente Bush negando el derecho al retorno de los refugiados palestinos.

En octubre, las fuerzas israelíes demolieron las casas de cientos de palestinos y derribaron obras de infraestructura, matando a más de 70 personas en lo que constituyó el ataque más cruento en la Franja de Gaza en años. El ataque se realizó luego de que dos niños israelíes murieran a causa del disparo de un cohete por parte de Hamas.

El 11 de noviembre de 2004, Arafat murió en París. El funeral de Estado se realizó en El Cairo (Egipto). Finalmente Arafat sería enterrado en la sede del cuartel de la Autoridad Nacional Palestina en Ramala, pese a su deseo de ser enterrado en Jerusalén (denegado por Israel).

Rauhi Fatuh, presidente del Consejo Legislativo Palestino, asumió la presidencia de la ANP por 60 días, hasta la celebración de elecciones generales, mientras Abbas fue nombrado presidente del comité ejecutivo de la OLP.

En las elecciones de principios de febrero de 2005, Abbas, candidato del Fatah, fue elegido presidente de la ANP con 62% de los votos e inmediatamente intentó persuadir a los grupos radicales Hamas y Jihad Islámica para que suspendieran sus ataques sobre Israel.

En febrero, Abbas consiguió convencer a Hamas y a la Jihad de que declarasen un período extraoficial de alto al fuego. Con este frágil marco, Abbas y Sharon anunciaron la voluntad de encontrarse en Egipto para iniciar conversaciones, pero este encuentro nunca se produjo.

En agosto, el ejército israelí concluyó el operativo de retirada de Gaza, que incluyó la evacuación –en muchos casos forzosa– de unos 8.500 colonos, poniendo fin a 38 años de ocupación militar de la zona. La continuación de este proceso se convirtió en una incógnita cuando Sharon sufrió una hemorragia cerebral y entró en coma en enero de 2006.

Ese mes, inesperadamente, Hamas ganó las elecciones parlamentarias y obtuvo 76 de los 132 escaños en disputa. El Fatah se negó a participar del nuevo gobierno formado por Ismail Haniyeh, quien asumió como primer ministro en febrero. El primer ministro israelí interino, Ehud Olmert, anunció que no negociaría con el nuevo gobierno a menos que Hamas renunciara a la violencia y reconociese al Estado de Israel, y dejó de transferirle los fondos derivados de impuestos e ingresos aduaneros recaudados por Israel en nombre de la ANP.

El congelamiento de las transferencias de fondos israelíes y la suspensión de la millonaria ayuda económica de EE.UU. y la UE, dejaron al gobierno palestino al borde de la asfixia financiera. El gobierno del Hamas resistió las presiones internacionales para lograr que reconociese a Israel y solicitó ayuda a los países musulmanes para poder pagar sueldos públicos atrasados durante meses.

Durante todo el período, Israel continuó con su política de «asesinatos selectivos» de líderes y militantes de organizaciones palestinas.

En mayo, enfrentamientos entre policías leales a Fatah y una nueva fuerza de seguridad creada por Hamas hicieron surgir temores de una guerra civil entre palestinos. Abbas, en una difícil situación desde la llegada de Hamas al poder, anunció que convocaría un referéndum sobre el reconocimiento a Israel y la viabilidad de la coexistencia pacífica de dos Estados –uno israelí y otro palestino– como solución al conflicto.

El primer ministro y líder de Hamas, Ismail Haniya fue sustituido por Abbas en junio de 2007 por Salam Fayyad. El presidente justificó la decisión aduciendo una «emergencia nacional».

El premier israelí Olmert y el presidente Abbas se reunieron, en agosto de 2007, en Cisjordania. Ambos se mostraron conformes y optimistas sobre la posible creación de un estado palestino. Haniya, dijo que se trataba de un nuevo «largo camino que no produciría ningún efecto positivo para el pueblo palestino».

En enero de 2008 se produce la que se daría en llamar Crisis de Gaza, desencadenada el 23 de enero cuando militantes de Hamás en la Franja de Gaza volaron, cerca del puesto fronterizo de Rafah, parte del muro construido en 2003. La Organización de las Naciones Unidas estimó que alrededor de la mitad de los 1,5 millones de habitantes de Gaza entraron en Egipto en busca de comida y suministros. La policía israelí incrementó su estado de alerta y ambos bandos se adjudicaron la ruptura de la tregua anterior

Febrero de 2008: Operación Invierno Caliente (Warm Winter) campaña militar de las Fuerzas Militares de Israel emprendida el 29 de febrero de 2008 en la Franja de Gaza con la justificación de acabar con el lanzamiento de los cohetes Qassam disparados por el ala paramilitar del Hamás y otras organizaciones. La escala de la operación genero una extendida alarma internacional y mientras la ONU y la Unión Europea la calificaron como uso desproporcionado de la fuerza, el Departamento de Defensa de EE.UU. animó a Israel a tomar precaución para evitar las pérdidas de vidas inocentes. En esta campaña murieron al menos 112 palestinos y 3 israelíes.

2008-2009:Conflicto de la Franja de Gaza de 2008-2009 – Una ofensiva militar desde aire, tierra y mar, precedida por una campaña de bombardeo aéreo sobre la Franja de Gaza (Territorios Palestinos), que tuvo inicio el 27 de diciembre de 2008 y que finalizó el 18 de enero de 2009.1 Se dijo que iba dirigida contra objetivos de la infraestructura de la organización Hamás, principalmente puertos, sedes ministeriales, cuarteles de policía, depósitos de armas y los túneles subterráneos que comunicaban la Franja de Gaza con Egipto. El conflicto fue descrito como la “Masacre de Gaza” (en árabe:مجزرة غزة) en varios países. Este conflicto provocó el mayor número de bajas en los últimos cuarenta años de conflicto árabe-israelí,​ catorce de ellas israelíes, de las que once eran soldados y tres civiles. Aproximadamente 1 400 palestinos murieron a consecuencia de los bombardeos y los combates urbanos; centenares de ellos eran civiles.

14-21 de noviembre de 2012: Operación Pilar Defensivo (o Columna de Nube) fue una operación militar llevada a cabo por las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF en inglés) en la Franja de Gaza, iniciada el 14 de noviembre de 2012 con el asesinato de Ahmed Yabari, jefe de la rama militar gazatí de Hamás y concluida el 21 del mismo mes con el acuerdo de un alto al fuego. El periodo previo a esta operación estuvo marcado por un intercambio de mutuos ataques de respuesta israelí-palestinos. Tres días después del comienzo de las hostilidades, Israel había lanzado un total de 750 ataques aéreos y los combatientes palestinos habían disparado 650 cohetes. Durante toda la operación, las IDF aseguraron haber atacado más de 1500 lugares de la Franja, entre los que incluían lanzaderas de cohetes, depósitos de armas, instalaciones gubernamentales y bloques de apartamentos.​ Funcionarios de Gaza aseguraron que 133 palestinos habían muerto en el conflicto: 79 combatientes, 53 civiles y un policía, mientras que otros 840 habrían sido heridos. Muchas familias fueron desplazadas de sus hogares. Los bombardeos israelíes produjeron daños por valor de 300 millones de dólares en el territorio de la Franja de Gaza. El más afectado fue el sector agrícola (120 millones), principal fuente de recursos de la población gazatí, mientras que el comercial sufrió pérdidas por otros 40 millones.Las personas fallecidas en los enfrentamientos fueron más de 170 y los heridos cerca de 1 300.

29 de noviembre de 2012: Reconocimiento por parte de la ONU de Palestina como Estado observador no miembro.

12 de junio de 2014: Asesinato de tres adolescentes israelíes.
2 de julio de 2014: Asesinato del joven palestino Mohamed Abú Judeir

8 de julio de 2014: Conflicto entre la Franja de Gaza e Israel. El gobierno de Chile, al igual que otros muchos, rechazó los ataques de Israel en Gaza y expresó su «profunda preocupación» por la escalada de violencia en el Oriente Medio. Mediante un comunicado, el Ministerio de Relaciones Exteriores se quejó de que los bombardeos israelíes habían causado un gran número de víctimas mortales, principalmente de civiles, mujeres y niños. «Los secuestros y muertes de los tres jóvenes israelíes y palestinos condenados no pueden ser una excusa para poner en marcha acciones terroristas ni para atacar zonas densamente pobladas por civiles», dijo el gobierno. Además, pidió a todos los actores involucrados en el conflicto «establecer una tregua y respetar el derecho internacional».​ Nueve días después, el gobierno chileno suspendió las negociaciones del tratado de libre comercio con Israel, y comenzó a cuestionar la presencia del embajador de Israel en Chile.

El 14 de noviembre de 2017 el diario libanés Al-Akhbar filtra el acuerdo entre EEUU y Arabia Saudita. La presunta carta secreta enviada por el ministro de exteriores de Arabia Adel al-Jubeir al príncipe heredero Mohammed bin Salman, comienza diciendo; “Tengo el honor de presentarle un proyecto para establecer relaciones entre el Reino de Arabia Saudí y el Estado de Israel basado en el acuerdo de asociación estratégica con los Estados Unidos de América”. En la misma se indica; 1. Una hoja de ruta para establecer relaciones diplomáticas con Israel, 2. El apoyo de Riad al plan de paz de EEUU en el conflicto palestino-israelí, en el que:

  1. a) La Autoridad Palestina (AP) renunciaría al Jerusalén Este como su capital, en cambio y podrá llamar a Abu Dis (un suburbio de Jerusalén) “Al Quds” «Tierra Sagrado» convirtiéndolo en su capital.
  2. b) La AP tendría soberanía limitada sobre las áreas de Judea y Samaria, y además se mantendrán los asentamientos judíos en ambas áreas, y
  3. c) Los refugiados palestinos no tendrían “derecho de retorno”.

Sin embargo, la carta añade que

  1. El reino no puede arriesgarse a este movimiento” sin que EEUU se comprometa a:
  2. a) Contener a Irán.
  3. b) Dotar a Arabia de armas nucleares.

El 5 de Diciembre de 2017, Donald Trump declara “reconocer oficialmente Jerusalén como capital de Israel” y confirmó el futuro traslado de la Embajada norteamericana a la Ciudad Santa.

El reconocimiento del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de Jerusalén como capital de Israel ha generado más que una simple crítica por parte de los aliados de Washington.

En Bahréin, en la conferencia anual de seguridad Diálogo de Manama, auspiciada por el Instituto Internacional para Estudios Estratégicos, hay una preocupación casi total de que el anuncio será un regalo para: Irán, los yihadistas de al Qaeda y el autodenominado Estado Islámico (EI).

El presidente ha encendido el fuego y ha dejado que sus aliados árabes lidien con el incendio”, expresó Elisabeth Marteu, consejera sénior del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, por sus siglas en inglés).

Un exoficial de las Fuerzas Especiales de Reino Unido, comparó el anuncio con “arrojar en un cuarto una granada sin el gancho de seguridad“.

“Esta decisión abre las puertas del infierno para los intereses de Estados Unidos en la región”, dijo a la prensa Ismail Radwan, un portavoz del movimiento palestino Hamás en la Franja de Gaza, tras haberse hecho oficial la decisión estadounidense.

Todos los grupos palestinos convocaron el 7 de Diciembre una huelga general, con movilizaciones masivas.

 

Referencias:

1 Paradigma

La palabra Paradigma proviene del griego paradeigma y el latín paradigma, cuyo significado es ejemplo o modelo. Es empleada para indicar un patrón, modelo, ejemplo o arquetipo. alude aquellos aspectos relevantes de una situación que pueden ser tomados como un ejemplo. Inclusive, la etimología de la palabra nos indica que esta puede ser sinónimo de Ejemplo, sin embargo, Paradigma se aplica en otro tipo de contextos no tan simples como los usados con la palabra Ejemplo. Derivada de la filosofía griega, fue Platón quien le dio la forma de “Ejemplo a seguir” y no como simple ejemplo como se cree al utilizarla en un contexto sin ningún tipo de aspiración. Esto nos da a entender que la palabra Paradigma es empleada para denotar aquellos actos los cuales son la mejor referencia para un camino a seguir.
Paradigma e ideologia no son sinonimos. Paradigma hemos visto que hace referencia al hacer..

2 – Creta está actualmente siendo foco de atención en el ámbito de los estudios e investigaciones tras varios e importantes descubrimientos a nivel prehistórico.

Creta, el descubrimiento de Cnosos.

https://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/creta-el-descubrimiento-de-cnosos_6466/7

El hallazgo de huellas de homínidos en Creta desafía la teoría evolutiva humana.

https://www.lavanguardia.com/cultura/20170902/43989102064/huellas-creta-hominidos-antiguedad-teoria-africa.html

3 – Libro “Caucásicos, turcos, mesopotámicos y vascos” LiberFactory. Autores; Antonio Arnaiz Villena y Jorge Alonso García

4Abraham en el judaísmo

La explicación de la religión hebrea es clara y meridiana: los judíos habían conocido la revelación de Yahvé a través de Jacob, hijo de Isaac y, por lo tanto, nieto de Abraham y Sara, por lo que la promesa de Yahvé efectuada a Abraham se había cumplido y, en efecto, los judíos se convertían en el pueblo elegido por Dios, factor fundamental en la cohesión espiritual y sociológica del judaísmo como religión. De igual modo, el ritual de la circuncisión religiosa quedó configurado como la primera muestra de profesión de fe judía que todo miembro varón de la comunidad debería realizar. Además de su presencia en la Torah, Abraham tiene otras connotaciones para el pueblo hebreo en la rica literatura de Aggadah, donde, a pesar de mantener intacto su imagen de escrupuloso creyente, la leyenda se incrementa con otros relatos, como el enfrentamiento mantenido contra el rey Nimrod, el mítico constructor de la torre de Babel, o la vocación sacerdotal del patriarca después de la entrevista mantenida con Melquisedec. La ceremonia de la circuncisión, como no podía ser de otra forma, es el punto culminante de la biografía de Abraham legada por la literatura Midrash, que también recoge como verdadera la imagen de un Abraham guerrero, enfrentado a los pueblos de la Pentápolis, aunque bien es cierto que muchos de los rabíes concuerdan en interpretar este episodio en clave alegórica, es decir, como una más de las pruebas que el patriarca tuvo que sufrir por parte de Yahvé antes de acceder a la preciada descendencia.

Abraham en el cristianismo

Como en tantas otras cuestiones, el cristianismo es deudor del judaísmo en buena parte de su devenir patrístico. Así, ya desde los más tempranos tiempos de la formación del entramado de creencias, el apóstol San Pablo, en su Epístola a los Romanos (4, 1-25) trató de acomodar la figura de Abraham de acuerdo al credo de Jesús. Para ello, eligió la glorificación del patriarca no por sus signos judíos, sino por haber creído la promesa de Dios: darle un hijo de Sara, de cuya genealogía nacería el Mesías redentor. De esta forma, es común en el cristianismo identificar a los cristianos como seguidores de la fe del patriarca Abraham, ya que San Pablo, hábilmente, dejó asentado con seguridad que el acto de fe realizado por Abraham tuvo lugar antes de su circuncisión y antes de que entrasen en vigor las leyes mosaicas, es decir, los dos componentes principales que identificaban a Abraham como judío: el patriarca había creído en Dios y esa era su esencia espiritual. El llamado Libro de los Jubileos, un texto de reciente descubrimiento dentro del corpus conocido popularmente como Manuscritos del Mar Muerto, incide en que Abraham fue el único miembro de su familia que nunca adoró el panteón pagano, confirmando el impacto popular del patriarca como primer seguidor del monoteísmo.
Posteriormente, la exégesis cristiana hizo de Abraham, concretamente del sacrificio de Isaac, uno de los antecedentes de la pasión de Jesucristo. Ambos habrían llegado al extremo de sacrificar su vida (Abraham la de su hijo) merced a la fe en Dios. El episodio del sacrificio de Moriah fue interpretado, paso a paso, como el antecedente del Vía Crucis de Jesús, contribuyendo con ello a fomentar la imagen de Abraham como gran patriarca de los cristianos. Si en muchas ocasiones, sobre todo en lo referente a las similitudes entre el Pentateuco y el Antiguo Testamento, es imposible distinguir entre las tradiciones cristianas y judías, Abraham es uno de los puntos donde la herencia hebrea del cristianismo resulta más evidente.

Abraham en el Islam

A lo largo de la lectura del libro sagrado de los musulmanes, el Corán, los preceptos de Mahoma destacan a Abraham (Ibrahim) como uno de los más importantes profetas del credo mahometano, considerándole como uno de los receptores de las revelaciones de Alá. En términos religiosos islámicos, Ibrahim es venerado como hanif (‘monoteísta’), a quien Alá tomó como su khalil (‘amigo’, ‘protegido’) para confiarle el sentido de la verdadera palabra. Naturalmente, el punto de desencuentro entre islamismo y judaísmo estriba en el papel preponderante que para los musulmanes tiene Ismael (Isma’il), el hijo de Abraham y su esclava Agar, aunque esta última no aparece nunca en las fuentes islámicas. La imagen que transmite el Corán de Abraham apenas dista de la ofrecida por la Biblia y la Torah, salvo, evidentemente, el episodio del sacrificio y, en cierto sentido, un carácter mucho más comprometido con la salvaguarda del monoteísmo, que es la perspectiva vital más acusada en el perfil del Ibrahim de los musulmanes (zorah 37, 81-97):

De su secta era Ibrahim. Aportó a su Señor un corazón intacto. Le dijo un día a su padre y a su pueblo: “¿Qué adoráis? ¿Preferís las falsas divinidades a Dios? ¿Qué pensáis del dueño del universo?” Dirigió una mirada a las estrellas: “Yo estoy enfermo, no asistiré hoy a vuestras ceremonias”. Ellos se fueron y lo dejaron. Se escondió para ir a ver a sus ídolos y exclamó: “¿Coméis? ¿Por qué no habláis?” Y acto seguido les dio un golpe con su diestra. Su pueblo acudió precipitadamente: “¿Adoraréis lo que vosotros mismos talláis en la roca?”, les dijo Ibrahim. “¡Alá es quien os ha creado, a vosotros y a las obras de vuestras manos!” Se decían unos a otros: “¡Haced una pira y arrojadle al fuego ardiente!” Quisieron tenderle un lazo pero los humillamos: “Me retiro”, dijo Ibrahim, “al lado de mi Dios; Él me mostrará el sendero recto”.

Mahoma se consideraba descendiente de Ismael, y, por lo tanto, al haber recibido la revelación de Alá, se cumplía la profecía efectuada por Alá a Ibrahim, consistente en que la descendencia de Abraham sería bendecida. De hecho, Mahoma sería el último gran profeta de la Palabra Revelada, tras Adán, Abraham, Moisés y Jesús, personajes todos ellos con un papel preponderante en el Islam.

También hay que establecer una comparación con mucho impacto entre el relato bíblico de la vida Abraham y la evolución de las primeras sociedades del espacio geográfico que podría denominarse como Creciente Fértil. En cierto sentido, la promesa efectuada por Dios al respecto de una tierra prometida está en relación directa con el paso del nomadismo, modo de vida habitual de estas sociedades, a la condición sedentaria. Aceptando Abraham las órdenes de Dios, estaba también abriendo camino para que los muchos inconvenientes de la situación nómada de una sociedad se acomodasen a las nuevas necesidades, que pasaban, evidentemente, por el proceso de sedentarización.

Igualmente, en clave sociológica e historiográfica, si la promisión de una tierra donde morar significa el paso del nomadismo al sedentarismo, otra extraordinaria clave del devenir de las sociedades antiguas se halla en el episodio vivido por Abraham en el monte Moriah, cuando Dios le ordenó detener la inmolación de su hijo. En este aspecto, la anulación divina de los sacrificios humanos, frecuente en todos los ritos espirituales de la Antigüedad, deja bien claro que en la época de Abraham podría haber finalizado ya el mismo proceso de cambio cultural que revela el paso al sedentarismo, caracterizado también por un estadio religioso más avanzado que el anterior en el que ya no eran necesarios los holocaustos humanos para contentar a las divinidades.