Texto de Manuel Martorell 

(Publicado en La Aventura de la historia. Número 226, 2017, pag 18-25)

Tradicionalmente localizados en Babilonia, los míticos Jardines Colgantes se sitúan cerca de Nínive, en el valle de Khinis, según las últimas investigaciones. En este texto visitamos la zona, en el Kurdistán iraquí, donde hay huellas en la piedra que podrían haber sido los maceteros del vergel diseñado por el rey asirio Senaquerib para adornar su palacio de verano.

De las Siete Maravillas del Mundo, probablemente la de los Jardines Colgantes de Babilonia sea la más popularmente conocida debido a las numerosas y fantasiosas recreaciones hechas por dibujantes e ilustradores, siempre resaltando una frondosa vegetación artificial sobre terrazas escalonadas en el marco desértico de Mesopotamia. Sin embargo, paradójicamente, también es la maravilla de la Antigüedad sobre la que más dudas existen, hasta el punto de que muchos arqueólogos los consideran un mito al no haberse encontrado resto o evidencia física alguna en las exhaustivas excavaciones realizadas. No ocurre lo mismo con las otras seis: las pirámides de Egipto, el Coloso de Rodas, el faro de Alejandría, el mausoleo de Halicarnaso, el templo de Artemisa en Èfeso y la estatua de Zeus en Olimpia. A excepción de las tumbas faraónicas de Giza, todas fueron destruidas en algún momento de la historia, pero hay consenso sobre su existencia, bien por el hallazgo de ruinas o por tener referencias fidedignas que lo atestiguan. Solo Flavio Josefo, historiador de origen judío, los sitúa en Babilonia, asegurando que los construyó Nabucodonosor para su esposa Amytis, hija del rey medio Ciaxeres, no añorara sus verdes montañas del Kurdistán.

BABILONIA. Los demás historiadores de la Antiguedad que se refieren a Babilonia o a dichos jardines -Plinio el Viejo, Diodoro de Sicilia, Quinto Curcio Rufo, Estrabón, Jenofonte y, sobre todo, Heròdoto- no facilitan datos que permitan situarlos en la metrópoli mesopotàmica. 

Por esta razón algunos especialistas consideran que, en caso de haber existido, debieran estar en otro lugar hasta ahora desconocido, como defendió a mediados del siglo XX Donald John Wiseman, del Instituto Británico de Arqueología y mas recientemente, la igualmente británica Stepanie Dalley, del Instituto Oriental de Oxford.

Tras estudiar nuevas evidencias que se conservan en el Museo Británico, Dalley publicó hace unos años El misterio de los Jardines Colgantes, donde defiende que debieron localizarse en Ninive y que habrían sido diseñados por el rey-ingeniero Senaquerib, que gobernó Asiria entre el 705 y 681 a.C. Para hacer tal afirmación, la arqueóloga se basa en las inscripciones cuneiformes de un cilindro octogonal que se conserva en el citado museo y que menciona la plantación de arboles frutales, arbustos aromáticos y otras plantas traídas de los montes Amanos -sur de Turquía- para embellecer su palacio junto al rio Tigris. Esta tesis quedaría corroborada por un grabado del mismo periodo que muestra un jardín con plantas de distintas especies, perfectamente alineadas y regadas con acequias que reciben agua de un canal sostenido por arcos apuntalados.

Para reforzar su tesis, Stephanie se trasladó hasta Erbil, capital de la región autónoma del Kurdistán, al norte de Irak, una zona que gozaba de relativa tranquilidad antes de que en junio de 2014 el terror del Estado Islàmico entrara en escena y convirtiera Mosul en capital de un nuevo califato. Desde la antigua Arabela, envió a dos colaboradores para que tomaran imágenes de la parte de Nìnive donde suponía que debían haber estado los jardines de Senaquerib.

AGUA PARA NÌNIVE. También desde Erbil pude visitar personalmente el principal canal que partía de Khinis, localidad junto al río Gomel también conocida con el nombre Baviían, para suministrar agua a todas las zonas de Nínive.

Los últimos estudios realizados sobre el terreno por el equipo de la Universidad de Udine (Trieste, Italia), dirigido entre los años 2012 y 2013 por Daniele Morandi Benacossi, no solamente confirman la existencia de esa fuente acuífera, sino de toda una red de canalizaciones para el regadío que se extendía por estas planicies al pie de las estribaciones de los montes Taurus, hoy frontera natural con Turquía. Utilizando imágenes aéreas obtenidas con el satélite Corona y otros medios modernos de prospección del suelo, han localizado en esta parte de Irak, al nordeste de Mosul, medio millar de posibles yacimientos arqueológicos y unos 300 asentamientos, lo que indica el carácter estratégico que este vasto programa de irrigación y producción agrícola tuvo para el Imperio asirio. Existen canales de irrigación en Mosul, medio millar de posibles yacimientos arqueológicos y unos 300 asentamientos, lo que indica el carácter estratégico que este vasto programa de irrigación y producción agrícola tuvo para el Imperio asirio. Existen canales de irrigación en Malatai, Bandwai, Faideh, Uskof, Tarbisu, Kisiri y Arbil, donde una piedra cuneiforme que se conserva en el museo arqueológico describe cómo Senaquerib mandó construirlo para el suministro de agua desde El Valle de Bastora, a 22 kilómetros al norte de la capital autónoma del Kurdistán iraquí.

Pero indudablemente, el canal de Khinis fue la mas ambiciosa de estas obras de ingeniería hidráulica, realizadas hacia 690 a.C. Se calcula que tiene, en total, 80 kilómetros, con tramos bien conservados, sobre todo en sus inicios, donde salva un valle con un grandioso acueducto de Jerwan, considerado el más antiguo del mundo y que, curiosamente, tiene unos arcos ojivales semejantes a los que se aprecian en la placa con plantaciones artificiales del Museo Británico. Este canal se uniría, a la altura de Khorsabad, la ciudad de Sargón (padre de Senaquerib), con el ramal procedente de Bandwai y Uskof, para luego continuar hasta Ninive por la prolongación de Kisiri.

Para comprender la potencialidad agrícola de estas llanuras, hay que tener en cuenta que toda esta región está a solo unos kilómetros del impresionante sistema montañoso que forman las cordilleras Taurus y Zagros, y que envuelven las histórica Mesopotamia con cimas que rebasan los 3.000 metros de altura, como ocurre en el caso de los montes Cudi y Hakkari. Cuentan, por tanto, con lluvias y nieves abundantes en invierno y primavera e incontables corrientes y acuíferos subterráneos, así como numerosas cascadas y manantiales que surgen en los lugares más insospechados y alimentan los afluentes del bíblico Tigris, entre ellos el citado Gomel. El Khazir, el Khosr, y el Gran y el Pequeño Zab. Existen, por tanto, numerosas “zonas húmedas”, generalmente en pequeños valles, que siguen siendo utilizadas hoy como lugar de veraneo no solo por los kurdos locales, sino por familias de otras partes de Irak, un país profundamente desertizado incluso en los tiempos del Imperio asirio, hace ya tres milenios.

Precisamente en uno de estos escondidos valles, no muy lejos de Khinis, se encuentra el manantial de Lalesh, del que fluye agua durante todo el año y donde se levanta el principal santuario de los yezidis, religión de origen mazdeista que el Estado Islamico ha querido exterminar, asesinando a miles de fieles, convirtiendo en esclavas sexuales a sus mujeres y destruyendo sus templos didicados al fuego y al sol.

MURALLÓN ROCOSO. El de Khinis, situado más al sur, es un valle más amplio, formado por el rio Gomel que, aquí se abre con praderas en pendiente por su ribera izquierda, siguiendo el curso fluvial, mientras su margen derecha queda bajo un murallón rocoso, con dos grandes entradas semicirculares que en algunos tramos puede superar los 30 metros de altura. De forma irregular y a distintos niveles, una serie de plataformas pétreas van descendiendo escalanadamente hasta el curso del río. En varios puntos, sobre todo en época de lluvias, aparecen manantiales y corrientes acuíferas de origen subterráneo, que incluso caen desde la parte más alta del acantilado, contribuyendo al cauce principal.

Transitado en los días festivos por miles de “domingueros”, en junio de 2014, en plena ofensiva del Estado Islamico, únicamente permanecía en el yacimiento un guardia que hacia de guía por las distintas “dependencias” en un momento en que los peshmergas kurdos intentaban frenar la avalancha yihadista a solo una veintena de kilómetros. 

Rudimentarios carteles numerados señalaban un hipotético depósito de agua, una posible almazara y sobre todo, las distintas inscripciones y bajorrelieves asirios que han llevado a los investigadores kurdos a pensar que Khinis era, un lugar de esparcimiento, una especie de “palacio de verano” para el disfrute de la corte de Ninive. Destacando por su tamaño -casi nueve metros de altura- los bajorrelieves que representan al propio Senaquerib realizando una ofrenda a Ishtar, diosa de la belleza, el amor y la fertilidad. Ambas figuras aparecen ensalzadas sobre dos animales sagrados, flanqueadas por otras dos divinidades. Sobre el conjunto escultórico, tres parejas de leones en posición de reposo simbolizan el incuestionable poder de la monarquía asiria.

CRIMEN ARTÍSTICO. Cuando el arqueólogo y diplomático británico Austen Henry Layard visitó este lugar a mediados del siglo XIX, aún se conservaba en buen estado, como revela un grabado de la época en el que aparece, ayudado por un grupo de locales que le sujetan la cuerda, inspeccionando las distintas cavidades que destrozan el conjunto. Son oquedades de factura humana, algunas en forma de ventanas arqueadas. No hay consenso sobre las razones que llevaron a sus autores a cometer este crimen contra el patrimonio artístico. Para algunos arqueológos, se trataría de pequeñas celdas o tumbas hechas por ermitaños en los primeros siglos de nuestra era. De acuerdo con otra explicación, habrían sido excavadas por los medos para “neutralizar” la simbología asiria rompiendo estas imágenes con pequeños templos de fuego zoroatrianos. En definitiva, una venganza de estos pueblos mazdeístas tras siglos de depredador yugo asirio. Después, el paso del tiempo, las inclemencias ambientales e, incluso, su uso como diana por los guerrilleros kurdos, habrían dejado prácticamente irreconocible esta grandiosa obra patrimonial.
Era a los pies de este gran panel donde comenzaba el canal. Un gran bloque de piedra, igualmente decorado con las figuras del rey, Ishtar y divinidades asirias, protegidas ahora por lamassus -toros alados con cabeza humana-, permitía derivar las aguas del rio hacia el nuevo cauce artificial gracias a un dique que elevaba el nivel fluvial. Probablemente debido a las riadas -solo hacia unos días todo el lugar había quedado inundado- y a los terremotos, este gran bloque que hacía las veces de separador se desplomó y cayó al río, donde permanece semihundido y roto en pedazos. Desde aquí, el canal seguía su curso serpenteante durante mas de 50 kilómetros hasta confluir con el otro ramal, procedente de Bandwai, descendiendo lentamente al ritmo de un metro por cada mil. Un poco mas adelante, curso abajo, los ingenieros de Senaquerib tuvieron que superar un nuevo roquedal que les cerraba el paso e impedí continuar la canalización. Para salvar este obstáculo se tuvo que excavar un túnel, también de grandes dimensiones, que se encuentra en buen estado, igual que algunos lienzos de sus paredes, hechas con grandes piedras de sillería. Luego, tras rodear las elevaciones de Seikhan, llegaba al valle de Jerwan, donde Senaquerib mandó levantar el que se consideraba el más antiguo de los acueductos del planeta, cuyas magnitudes siguen sorprendiendo a los estudiosos: veinte metros de ancho, nueve de alto, 250 de largo, cinco arcos ojivales y una treintena de sólidos contrafuertes.

 

De acuerdo con las inscripciones cuneiformes encontradas en los muros, las obras duraron 18 meses, por lo que se tuvieron que colocar unos 3.000 bloques de piedra al día hasta alcanzar la cifra de los dos millones que se calcula que tiene. Hasta hace solo unos años, se creía que esta descomunal y sólida obra tenía como único objeto superar la vaguada, pero, en la actualidad, se tiene el convencimiento de que al mismo tiempo era una presa, con un sistema de compuertas en los cinco arcos ojivales, que retenía las aguas del Valle. A partir de aquí, el terreno se ensancha, fundiéndose con la gran llanura de Navkur, dominada por el enclave prehistórico de Tell Gomel, junto al lugar donde se cree chocaron los ejércitos de Alejandro Magno y Dario III en la batalla de Gaugamela, en 331 antes de Cristo.
Fue a comienzos de los años treinta del siglo XX cuando Thorkild Jacobsen y Seton Lloyd, de la Universidad de Chicago, descifraron algunas de las inscripciones asirias que todavía se pueden ver en las piedras.

En ellas se ensalza el programa para irrigar los campos de Ninive recolectando el agua de los ríos y manantiales de las montañas y se presenta a Senarquerib como un rey victorioso que había aplastado las rebeliones de los pueblos que amenazaban Asiria, derrotando en el año 703 a Merodah Baladan, “”rey de los Kardunias”, que pretendió una Babilonia independiente, y sometiendo a judíos, hititas, medos, elamitas. Todos ellos se unirán unas décadas después bajo el liderazgo de Ciaxeres, rey de Media, y de Nabucodonosor para desembarazarse del despótico dominio asirio, destruyendo en 612 a.C. Ninive, Nimrud y otras obras monumentales que recordaban aquella larga dominación.

Inscripciones con el mismo contenido se pueden ver junto a los relieves de Bavián. Solo a unos metros del gran panel con Senaquerib y la diosa Ishtar, se aprecia, también en un estado apenas reconocible, una escena ecuestre con un jinete que salta con su caballo en lo que parece una escena de caza o de combate, y, algo más lejos, un león rampante. En la parte superior del acantilado, distribuidas a lo largo de toda la cornisa, dejando claro quién tenía el dominio de todas aquellas tierras, hay una decena de hornacinas con la figura hierática del rey.

El rio Gomel a su paso por el valle de Khinis. Se aprecian hileras de agujeros que podrían haber sido maceteros, Hoy, al igual que hace tres mil años, el lugar es espacio de recreo.

INTRIGANTES AGUJEROS. Pero lo más sorprendente de Khinis son los grandes agujeros distribuidos por todos los lugares, que salpican las distintas plataformas rocosas que descienden escalonadamente hasta el cauce. Su origen sigue siendo un misterio. El profesor de Arqueología Daniele Morandi defiende que se excavaron para colocar postes que, a su vez, permitían ralentizar y conducir el transporte de bloques de piedra arrancados al roquedal en unas canteras utilizando un sistema de poleas. Sin embargo, su amplio grosor, que obligaba a talar árboles de grandes dimensiones, su escasa profundidad, el hecho de que en parte estén unidos por canutillos, supuestamente para distribuir agua entre ellos, que han aparecido en la parte más elevada de acantilado y que existen en otros lugares, como en Shiru Malikhta, adornando los relieves, plantea la hipótesis de que pudieran ser utilizados por Senaquerib con fines ornamentales, para embellecer sus obras, como precisamente señala la placa del Museo Británico analizada por Stephanie Dalley.
Esta función es más evidente en Shiru Malikhata, donde se erigió otra efigie del rey a la salida del túnel de Bandwai, más angosto que el de Khinis.
Aquí la hornacina de Senaquerib está rodeada en sus flancos y a la parte superior por decenas de estos agujeros, en filas de a dos, mientras a sus pies una escalinata con pequeñas terrazas da al monumento un aire de altar. La verticalidad de la pared deja poco lugar a otro tipo de interpretaciones.
No habría que descartar que estos agujeros fueron usados a modo de maceteros para engalanar la obra de ingeniería hidráulica más grandiosa dirigida por Senaquerib y que, si este rey asirio gustaba embellecer con plantaciones artificiales sus palacios y obras monumentales, dando así pie a la leyenda de los Jardines Colgantes, estos “maceteros” fueran la única prueba fehaciente de que realmente existieron.

De los de Ninive, donde los sitúa Dalley, seguiría sin haber prueba alguna, porque el paso del tiempo y la acción del hombre las habrían borrado. No sería el caso ni de Shiru Malikhta ni de Khinis, donde estos agujeros excavados en la roca viva habrían permanecido impasibles a inclemencias, conflictos bélicos y vandalismo durante casi tres mil años, convirtiéndose en ese caso, en la única evidencia física de que los Jardines Colgantes existieron y no son un mito inventado por los historiadores de la Antiguedad.

* D. Morandi Bonacossi y M. Iamoni, “Landscape and Settiement in the Eastern Upper Iraqi Tigris and Navkur Plains”, Iraq. Vol.77, dic, 2015 Londres, The British Institute for the Study of Iraq.
* S.Dalley, The Mystery of the Hanging Garden of Babylon, Oxford, OUP, 2015.
* N.Green (doc de TV) Finding Babylon.s Hanging Garden, Londres, 2013.

Maltai, la “valla publicitaria” de Asiria”

Los bajorrelieves de Maltai fueron esculpidos en un punto dominante sobre los montes que separan las llanuras de Mosul de la populosa ciudad de Dahok, cerca de un manantial donde comenzaba uno de los canales construidos por Senaquerib. Lo forman cuatro grandes paneles, de unos seis metros de largo por otros dos de alto, más un cuarto que se encuentra apartado de los otros tres.
Todos tienen el mismo motivo, una solemne recepción del rey Senaquerib, acompañado por las principales divinidades asirias: Assur, Ninlil, Sin, Enlil, Shamash, Adad e Ishtar, que se acercan a la escena sobre unos animales sagrados, igual que en Khinis. Hace un año estalló una fuerte polémica al aparecer pintada con spray, sobre los relieves una bandera del Kurdistán, lo que se interpreto como un atentado contra el arte asirio por parte de nacionalistas kurdos.

Desde este lugar se contempla una impresionante panorámica de Dahok, que se extiende por un alargado valle, con la garganta de las dos montañas hermanas que simbolizan a esta ciudad kurda, tras las que se puede ver el pantano del mismo nombre.
Al fondo, el sistema montañoso que forma la frontera natural con Turquia y a los pies de los bajorrelieves, junto al rio Dahok, la antigua localidad de Maltai, nombre asirio que significa “entrada” en este caso en referencia a la “puerta” por la que se accedía al imperio asirio desde las zonas montañosas que escapaban a su control.
Por esta razón se considera que este conjunto escultórico no solo tenía como misión, a semejanza de las actuales vallas publicitarias, magnificar el impresionante plan de desarrollo agrícola puesto en marcha por Senaquerib, sino también lanzar una clara advertencia, una señal de aviso, a los pueblos que habitaban estas montañas indómitas, remarcando que, a partir de estos carteles, comenzaba el temible poder de Asiria.

Sir Austen Henry Layard (1817-1894) estuvo excavando en 1847 en las proximidades de Mosul, en Kuyunjik y Nimrud, y a su regreso a Inglaterra, en 1848, publicó Ninive y sus restos, y un volumen de ilustraciones: Monumentos de Ninive. En 1849 inicio una campaña para excavar las ruinas de Babilonia. Se le atribuye el descubrimiento de la Babilonia de Asurbanipal.

 

La Batalla de Gaugamela

El acueducto de Jerwan también es citado en relación con la transcendental batalla de Gaugamala que, en el año 331 a.C., abrió las puertas de Asia a Alejandro Magno tras derrotar al ejército aquemnida de Dario III. Precisamente el nombre de Gaugamal procedería del rio Gomel, y el campo de batalla se extendería entre este afluente del Tigris y la localidad de Mahad, muy próxima al acueducto. Esta tesis es defendida por el arqueólogo británico Marc Aurai Stein, el historiador austriaco Fritz Schachermeyer y el equipo de la universidad italiana de Udine. Igualmente está convencida de esta localización la Dirección de Antigüedades de Dahok, mientras la de Arbil apuesta por situarla entre la ciudad de Karemilis y el rio Khazir, una llanura más próxima a la antigua Arbela, nombre con el que también se conoce aquel combate. En 2011 se trasladaron a la zona, para realizar un estudio topográfico, Athenasios Sideris y Kleanthis Zouboulakis, de la Universidad de Atenas, quienes valoraron que, para encontrar la localización definitiva, habrían que confirmar primero si el río Boumelos de las crónicas se corresponde con los actuales Gomel o Khazir y señalar exactamente por dónde cruzó Alejandro Magno el Tigris, para hacer frente al aqueménida Dario.

Mosaico que representa la batalla de Gaugamela

Documento relacionado (pdf en Ingles)  SLOPE ANALYSIS AND ROCK FALL ASSESSMENTIN THE KHINIS ARCHAEOLOGICAL AREA (2019, KURDISTAN, NORTHERN IRAQ)